Críticas
Cine argentino en salas y luego en streaming
Crítica de “Parque Lezama”, película de Juan José Campanella con Luis Brandoni y Eduardo Blanco
La transposición de la obra teatral homónima, que el propio Campanella adaptó de I'm Not Rappaport, del dramaturgo estadounidense Herb Gardner, se estrena este jueves 19 de febrero en 35 salas argentinas y desde el viernes 6 de marzo estará disponible en todo el mundo en la plataforma de Netflix.
Parque Lezama (Argentina/2026). Dirección y edición: Juan José Campanella. Elenco: Luis Brandoni, Eduardo Blanco, Verónica Pelaccini, Agustín Aristarán, Manuela Menéndez, Alan Fernández y Matías Alarcón. Guion: Juan José Campanella, basado en la obra teatral homónima y en I'm Not Rappaport, de Herb Gardner. Fotografía: Miguel P. Gilaberte. Música: Emilio Kauderer. Dirección de arte: Nelson Luty. Sonido: Rubén Piputto. Distribuidora en salas: Maco Cine. Duración: 115 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Salas (primera semana, del 19 al 25 de febrero): Atlas Alcorta, Atlas Caballito, Atlas Flores, Atlas Patio Bullrich, Atlas Liniers, Lorca, Cinema Devoto, Multiplex Belgrano, Multiplex Lavalle, Atlas Catán, Atlas Nordelta, Cine Helios, Cines Pixel Adrogué, Cinema Adrogué, Cinema Rosso de Luján, Multiplex Canning, Cine Visual Bahía Blanca, Lúmina Cines Lanús, Cine Ambassador de Mar Del Plata, Multiplex Pilar, Cines Ocean de Necochea, Cine Teatro Metropol de Chivilcoy, Cinema City La Plata, Cines Dino Alto Verde de Córdoba, Cines Dino Ruta 20 de Córdoba, Complejo Cinerama de Córdoba, Gran Rex de Córdoba; Cine Amadeus de Santa Rosa, Solar Del Cerro de Tucumán Atlas Monteagudo Vía 24 de Tucumán, Multiplex San Juan, Play San Juan, Cines del Centro de Rosario, Nuevo Monumental de Rosario y Cine Círculo de Paraná.
Las casi dos horas de Parque Lezama transcurren con los dos protagonistas charlando sentados en un banco del lugar. Queda claro entonces que, más allá de algunos movimientos de cámara concebidos desde la puesta en escena, del ritmo que Campanella le pueda imprimir desde el montaje y de las irrupciones de cinco personajes secundarios que obligan a ciertas exigencias físicas por parte de ambos antihéroes, el mayor o menor éxito del film depende básicamente de la potencia de los diálogos y de la interacción (la química) entre estos actores omnipresentes en pantalla.
No vi la obra homónima que dirigió el propio Campanella con los mismos actores, pero a esta versión cinematográfica de Parque Lezama le cuesta desprenderse de cierta impronta teatral y no solo por el imperio de la palabra y la escasa fluidez de las imágenes ya mencionadas sino por el estilo de las actuaciones, los acentos de los intérpretes y la gestualidad ampulosa que nos llevan al terreno del costumbrismo, a los estereotipos y a un sentimentalismo recargado que el director ha explorado ya en varios de sus trabajos (quizás la principal excepción haya sido la multipremiada El secreto de sus ojos en cuyo tono evidentemente mucho tuvo que ver el universo de Eduardo Sacheri).
León Schwartz (Luis Brandoni) y Antonio Cardozo (Eduardo Blanco) son dos adultos mayores (viejos, bah) que se encuentran cada día cerca de la glorieta del Parque Lezama. En principio, son como el agua y el aceite; el primero, un viejo militante del Partido Comunista, un poco fabulador y siempre provocador; el segundo, un tipo conservador, conformista, que trata de pasar inadvertido para -por ejemplo- que nadie le quite su trabajo en el mantenimiento de la caldera de un edificio.
Cada uno cargará en primera instancia con sus secretos, contradicciones y miserias, pero luego irá encontrando espacios y excusas para las confesiones íntimas y para ciertas acciones que los rediman. En el medio, claro, se hablará (mucho) sobre los achaques de la vejez y sobre la forma en que el resto de la sociedad desprecia o segrega a los ancianos. Más allá de que hay unos cuantos lugares comunes en esos intercambios, los mejores momentos surgen cuando se permiten apelar al humor negro y a la autoparodia.
Si las parrafadas entre Brandoni y Blanco obligan a un tour de force par parte de ellos (y en cierto sentido también en el público), los momentos más problemáticos del film surgen cuando ambos tienen que lidiar con personajes externos como Rodrigo (Alan Fernández), un pibe muy amenazante; un dealer (Matias Alarcón) no menos violento que apremia de todas las formas imaginables a Laura (Manuela Menéndez), una joven con problemas de adicción; Gonzalo Menéndez Roberts (Agustín Aristarán), uno de los responsables del consorcio del edificio donde trabaja Cardozo; y Clarita (Veronica Pelaggini), la hija de Schwartz que no encuentra la manera de conectar con (y ayudar a) su padre.
Parque Lezama es una comedia generacional sin grandes gags, un relato sin demasiados matices ni sutilezas que se sigue sin esfuerzo y con algunas ocasionales sonrisas (dudo que se conviertan en carcajadas). Es un cine de aspiraciones populares que quizá pueda generar cierta empatía e identificación, un espejo con el que algún segmento del público pueda reconocerse y sentirse reflejado, pero que queda lejos de la citada El secreto de sus ojos, El mismo amor, la misma lluvia y otros exponentes de lo mejor de la filmografía de Juan José Campanella.
PD: Ninguna de las tres grandes cadenas multinacionales (Cinemark, Cinépolis y Showcase) programó Parque Lezama no porque descrean del potencial comercial de la película sino porque es parte de su histórica disputa con Netflix, único gigante del streaming que no habilita una ventana de exclusividad de al menos 45 días, que es lo que exigen en todo el mundo los exhibidores. En este caso, hay 15 jornadas antes de su llegada a la N roja y por lo tanto solo aceptaron proyectarla las 35 salas independientes cuyo listado figura debajo de la ficha técnica.
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