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Estreno mundial

Crítica de “Los días chinos”, película de Santiago Loza (DocBuenosAires 2025)

El nuevo film del director de Extraño (2003), Cuatro mujeres descalzas (2005), Artico (2008), Rosa Patria (2009), Los labios (2010), La Paz (2013) y Breve historia del planeta verde (2019), que tuvo su première mundial en la 25ª edición del DocBuenosAires, llega desde el viernes 6 de marzo de 2026 al MALBA.

Estreno 06/03/2026
Publicada el 04/03/2026

Los días chinos (Argentina/2025). Guión, fotografía y dirección: Santiago Loza. Edición: Lorena Moriconi. Sonido: Francisco Pedemonte. Música: Fernando Kabusacki. Producción ejecutiva: Pablo Chernov. Producción: Diego Dubcovsky (Varsovia Films), Pablo Chernov (Alina Films) y Santiago Loza. Productores asociados: Paulina Portela y Eduardo Crespo. Duración: 63 minutos. Estreno mundial en el Doc Buenos Aires 2025: sábado 23/8/2025, a las 18, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530). Proyecciones comerciales: viernes 6, 13, 20 y 27 de marzo a las 18.40, en el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415). 

(Publicada originalmente el 22/08/2025)

Los días chinos
podría haber sido otra crónica de viaje, otro diario íntimo, otro registro de un director occidental deslumbrado, fascinado y atribulado ante la imponencia de una ciudad como Shanghai. Pero justo ahí, cuando todo parece predestinado para la acumulación de lugares comunes y clichés, es donde aparece la mirada y la sensibilidad tan particulares de un cineasta (un artista múltiple) como el cordobés Santiago Loza para darle una vuelta de tuerca (o varias) a los límites de esos subgéneros del documental personal.

Se trata, en esencia y hasta en su forma, de un proyecto modesto y austero (desde su realización inicial de forma artesanal e individual hasta su duración de 63 minutos que lo ubica con lo justo dentro de la categoría del largometraje), pero eso no significa que los resultados artísticos sean poco valiosos. Al contrario: las limitaciones autoimpuestas, los recursos técnicos y narrativos utilizados, la forma elegida, el tono buscado hacen que el recorrido, las derivas de Los días chinos no solo se admiren sino sobre todo se perciban, se compartan y se sientan en carne propia.

Los dias chinos otra

Un poco de contexto (antes de más texto): durante varios años Loza esperó sin suerte que se concretara la posibilidad de hacer una residencia en China: la pandemia y otras situaciones inesperadas se confabularon para postergarla al punto que ya había perdido toda esperanza. Sin embargo, contra todo pronóstico, finalmente recibió la confirmación del viaje y, claro, el realizador no pudo resistir la tentación de registrar parte de esos fragmentos de vida. Sin embargo, ante el vértigo abrumador de las imágenes contemporáneas, se obligó a filmar solo un plano cinematográfico por día (en Instagram sí subió unas cuantas fotos de esa estadía) con una cámara prestada y tomar notas para concentrarse en un preciso, estricto, riguroso y ascético ritual de observación, registro y reflexión sobre el material conseguido. Un proceso basado en potenciar la “capacidad de asombro” que luego se amplifica a partir del talento de Loza para transitar, condensar y transmitir esas sensaciones.

A ese dispositivo visual Loza le suma un íntimo, visceral, casi confesional relato en off (incluyen relatos sobre una enfermedad autoinmune y un pasado con ciertos trastornos de salud mental), poemas propios y la música de Fernando Kabusacki que convierten a Los días chinos en un recorrido bello, existencialista y doloroso a la vez, una meditación sobre lo que significa viajar al otro extremo del planeta, sobre el acto catártico, transformador de filmar en medio de la soledad y los dolores físicos (¿y espirituales?).

De la modernidad de Shanghai a la atribulada Wuhan (punto cero de la pandemia de COVID en 2019), desde los rascacielos hasta los pandas en zoológicos, pasando por paseos por templos, parques y canales, y ceremonias milenarios frente a una hoguera. El resultado es una película de fuga (una huida hacia adelante en medio de un contexto desolador) y al mismo tiempo de introspección, una experiencia profundamente melancólica, misteriosa, enigmática, por momentos casi fantasmal, hecha desde las entrañas y con el corazón.

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