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Crítica de “El último arrebato”, película de Marta Medina y Enrique López Lavigne sobre Iván Zulueta (Filmin)
Tras un recorrido por festivales como los de San Sebastián, Sitges y la SEMINCI de Valladolid, llega al servicio de streaming con sede en España este ambicioso retrato sobre un director maldito como Zulueta y la película de culto Arrebato (1979).
El último arrebato / The Last Rapture (España/2025). Dirección: Marta Medina y Enrique López Lavigne. Guion: Marta Medina y Jaime Chávarri. Fotografía: Álvaro Gómez Pidal. Edición: Luis de la Madrid y Carlos de Visa. Música: José Ignacio Arrufat. Duración. 108 minutos. Disponible en Filmin desde el viernes 17 de julio.
Arrebato, película con Eusebio Poncela, Cecilia Roth y Will More, se rodó en 1979, al año siguiente tuvo un estreno limitado en Madrid, fue un fracaso comercial y prácticamente desapareció hasta 2002. Hace un año, el suplemento cultural Babelia del diario El País realizó una encuesta para determinar las 50 mejores películas del cine español. La gran vencedora fue, sí, Arrebato, por encima de clásicos como La escopeta nacional (1978), de Luis García Berlanga, y El sur (1983), de Víctor Erice.
Cómo fue que un film oscuro, angustiante, experimental y radical sobre la adicción como experiencia límite, el cine como vampirismo y posesión, el doble y la identidad fragmentada, el tiempo y su detención, la autobiografía y la autodestrucción, que marcó a la contracultura española post-franquista y anticipó el final de la Movida, que en su momento casi nadie vio, cuyo internegativo y copias estuvieron perdidas, se convirtió en objeto de culto, de reverencia, de estudio y de admiración hasta ganar la mencionada encuesta de Babelia es parte del misterio que Marta Medina y Enrique López Lavigne intentan desentrañar en un híbrido entre (falso) documental, ensayo cinéfilo y (auto)ficción.
El último arrebato fue bastante castigada en medios y redes por sus múltiples ambiciones, su espíritu y esencia mutante, la presencia (que muchos consideraron abusiva) de los propios directores en cámara, por sus ínfulas a la hora no solo de revisitar y revalorizar el universo del vasco Iván Zulueta (1943-2009) sino por intervenir y hasta darse el permiso de “completar” parte de su obra.
Hay decisiones artísticas que no me convencieron, que me resultan un tanto presuntuosas o forzadas, pero El último arrebato me parece un film valiente y arriesgado, por momentos fallido y en otros fascinante, como debía ser un trabajo sobre Arrebato y Zulueta ¿Qué esperaban los cinéfilos españoles? ¿Un documental clásico, convencional, demagógico y condescendiente sobre un artista que jamás se sometió a los cánones de la industria y el establishment?
Marta Medina (crítica de cine y directora) y Enrique López Lavigne (reconocido productor de grandes éxitos) trabajaron durante tres años en el armado de este debut en el largometraje que es mucho más que un tributo, mostrándose, exponiendo sus dudas, probando, fracasando; cediéndole luego la centralidad al gran realizador Jaime Chávarri, amigo y compinche de Zulueta, quien además coescribió la película y aporta parte de su archivo personal; consultando al mítico distribuidor Francisco “Paco” Hoyos y a un experto en la obra del director como el crítico Carlos F. Heredero; incluyendo a los protagonistas Eusebio Poncela (al actor fallecido en agosto de 2025 está dedicado este largometraje), Cecilia Roth y Marta Fernández Muro en participaciones que se apartan por completo de lo habitual, ofreciendo los íntimos y conmovedores testimonios de su amiga de toda la vida Virginia Montenegro y de su ex novio Carlos Astiárraga.
Entre las múltiples capas de El último arrebato, que propone un juego permanente con el film al que celebra adoptando partes de su estructura y usando incluso la cámara original en Super 8, está la de buscar la genealogía (como, por ejemplo, Vida en sombras, de Llorenç Llover Gràcia) y la influencia que tuvo (como en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, de Pedro Almodóvar) la obra de Zulueta en general (alguien que no paraba de filmar incluso sus experiencias más mundanas) y Arrebato en particular.
Puede que ciertas zonas de El último arrebato no consigan el impacto, la emoción o la provocación buscada, pero los desniveles no desmerecen en absoluto los múltiples hallazgos de un proyecto que además regala un material de archivo extraordinario. Lejos del panegírico, de la reverencia absoluta, del frío análisis intelectual, los directores buscan, investigan, no se afirman ni se cierran en sus certezas sino que prefieren preguntar(se) y explorar porque la vida y el arte de Zulueta fueron tan viscerales, desgarradores y extremos que merecían un film tan ambicioso y al mismo tiempo tan lúdico y desconcertante como este.
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