Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Amarga Navidad”, película de Pedro Almodóvar con Leonardo Sbaraglia, Bárbara Lennie y Aitana Sánchez-Gijón
Tras la experiencia conjunta en Dolor y gloria, Almodóvar vuelve a confiar en Sbaraglia como una suerte de alter ego suyo, un cineasta en pleno proceso creativo. El más reciente film del director de Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre, Volver y Hable con ella se estrenó el viernes 20 de marzo en los cines españoles y el 28 de mayo llegará a las salas argentinas.
Amarga Navidad (España/2026). Guion y dirección: Pedro Almodóvar. Elenco: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Milena Smit, Patrick Criado, Quim Gutiérrez, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, Antonio Araque, Antonio Romero, Samuel López, Laura Ledesma, Tusti de las Heras, Nourdin Batan y Mairén Muñoz. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Pau Esteve Birba. Edición: Teresa Font. Diseño de producción: Antxón Gómez. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 111 minutos. Estreno en España: 20 de marzo. Estreno en Argentina: 28 de mayo.
“Estás siendo complaciente contigo mismo”, le dice en un momento uno de los personajes de Amarga Navidad a Raúl (Leonardo Sbaraglia), un director de cine que está escribiendo un guion, un hombre con canas, con novio joven, con miedos hipocondríacos y con una trayectoria de prestigio. Como en Dolor y gloria (2019), Pedro Almodóvar no pretende aquí esconder que el protagonista de la película es su alter ego. Así, la frase no es cualquier cosa: es como si el personaje le estuviera diciendo a él, a Almodóvar, que no sea complaciente consigo mismo. Y así es, porque en el retrato del artista en pleno proceso creativo que compone en Amarga Navidad, Almodóvar se muestra, sino duro, exigente con el personaje del realizador.
Para hacer el juego de espejos, en Dolor y gloria y en Amarga Navidad Almodóvar eligió a dos actores en su madurez, dos actores con atractivo: Antonio Banderas en la primera, Sbaraglia en esta última. Ambas obras tienen mucho que ver: el juego entre la realidad y la ficción, la presencia aunque trasfigurada del propio Almodóvar, el tono confesional y el gesto autoficcional. Y, sin embargo, Amarga Navidad es distinta y por momentos alcanza a parecerse más a La habitación de al lado (2024), su anterior película, y que resuena aquí en la ficción que Raúl está escribiendo, y que ocupa buena parte del metraje.
Una mujer, de nombre profundamente almodovariano, Elsa Rosado (Bárbara Lennie), padece una crisis de ansiedad. Es una directora de culto, como así se encarga de definirla la doctora del hospital donde la atiende: realizó dos películas y luego se pasó a la publicidad. Vive con su novio, bombero y stripper. Para escapar de esa crisis, viaja a Lanzarote con una amiga, que atraviesa su propio quiebre vital. Es ahí, en la isla canaria de arena negra, que la puesta en escena de la película encuentra su razón de ser, en los planos nocturnos de los caminos de tono ceniza y su contraste con los tonos rojos de un auto y de un pintalabios, en el paisaje que contempla la protagonista. Exactamente como sucedía en La habitación de al lado, cuando el encierro en una casa con hermosas vistas otorgaba a la película la profundidad visual que exigía un drama en torno a la muerte.
En Lanzarote, Elsa encuentra lo creativo y pronto Raúl hallará su trama, la que hace que la mujer interpretada por Lennie no se parezca a él, sino a otro personaje, Mónica, la ayudante que encarna Aitana Sánchez Gijón. Las dos mujeres aparecen por ejemplo con el pelo engominado, peinado hacia atrás. El juego de espejos es así múltiple. Si Dolor y gloria tenía cierto orden, Amarga Navidad es excelente en su composición deslavazada, de personajes que entran y salen de la trama.
Quizás Amarga Navidad no posea la exuberancia visual de otras películas de Almodóvar, pero propone un inteligente puzzle. Hay un gesto generoso por parte del cineasta, que ya no es solamente el de exponer la propia vida y las ansiedades que le acechan (ya las conocemos), sino el de mostrar el proceso creativo desde dentro. Así, a lo largo del film imprimen sobre la pantalla algunas frases que se van escribiendo en el guion.
Almodóvar siempre fue un gran director a la hora de filmar la performance: la de él y McNamara en Laberinto de pasiones, la de Miguel Bosé en Tacones lejanos… Ahora ya no hay aquel tono gamberro, sino una herida e incluso una intimidad. Las mejores escenas de Amarga Navidad son actuaciones: el striptease de un hombre joven ante un séquito de mujeres en una despedida de soltera; el canto fino de Amaia interpretando una canción de Chavela Vargas en la habitación de una casa frente a Elsa, que descansa sobre una cama cubierta por los abrigos de los invitados; o la de Chavela de nuevo, a la que se escucha a través de un CD mientras dos amigas se rompen a llorar. La cantante mexicana, amiga de Almodóvar, es una presencia perenne en la película; es una pérdida, algo que recorre una historia realizada por un cineasta que conoce su madurez.
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Gracias Gustavo, corregido, saludos
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