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Festival de Cannes 2026: Crítica de “La libertad doble”, película de Lisandro Alonso con Misael Saavedra y Catalina Saavedra (Quincena de Cineastas)
Exactamente un cuarto de siglo después, el director de Los muertos, Liverpool, Jauja y Eureka se reencuentra con el protagonista de su ópera prima, La libertad (2001), también estrenada en Cannes, para una secuela con más ficción y al mismo tiempo una mirada más política.
La libertad doble / Double Freedom (Chile, Argentina, Luxemburgo, Alemania, Reino Unido/2026). Guion y dirección: Lisandro Alonso. Elenco: Misael Saavedra, Catalina Saavedra, Adrián Fondari, Alcides Fink, Laura López Moyano, Alberto Villarroel, Hugo Fabián Sanchez, Iván Carra, Ariel Ali Quiroz y Sordo. Fotografía: Cobi Migliora. Edición: Catalina Marín, Martín Mainoli y Manuel Ferrari. Sonido: Catriel Vildosola y Santiago Fumagalli. Música: Peter Rosenthal. Duración: 100 minutos. Estreno mundial en la Quincena de Cineastas.
La libertad doble dice mucho de Lisandro Alonso, del estado de las cosas en el cine argentino y de la situación sociopolítica de nuestro país. En principio, para el director es un regreso a las fuentes, a un cine más puro y austero luego de varias ambiciosas coproducciones rodadas en el exterior con figuras consagradas como Viggo Mortensen o Chiara Mastroianni. A nivel financiero, si bien está presente el sello del propio Alonso (4L), se trata de un proyecto cuyo socio mayoritario es chileno (la ascendente compañía Planta) y eso explica también la penosa realidad del audiovisual nacional.
La libertad (2001) fue una película clave del denominado Nuevo Cine Argentino y esta continuación, que mantiene no solo al protagonista (el hachero Misael Saavedra) sino también los principales rasgos estéticos y formales del film original, sintoniza a la perfección con el estado de las cosas en tiempos de Milei. Aunque las propuestas del director de Los muertos, Liverpool y Jauja no suelen tener tramas demasiado clásicas, hay una propuesta ficcional en La libertad doble que expone con contundencia la crisis económica, social y sanitaria.
Tras 15 años de internación en un instituto neuropsiquiátrico de un pueblo del interior, Micaela (la reconocida actriz chilena Catalina Saavedra, que casualmente comparte apellido con el protagonista) es “externada” a la fuerza, ya que al no recibir las partidas de los subsidios, el centro de salud mental se ve obligado a cerrar sus puertas. Así, este hachero sin demasiada formación y que subsiste junto a su perro en un rancho muy precario, se ve forzado a hacerse cargo de sostener a una mujer que además debe tomar múltiples medicaciones y suele escaparse a cada rato.
Casi con el mismo equipo técnico del film original, Alonso sale más que airoso del desafío de volver al personaje -cercano a su familia- que retrató en 2001 y que de alguna manera lo consagró como cineasta a nivel internacional. Si ese regreso podía verse en principio como una movida oportunista, La libertad doble se sostiene en el respeto hacia Misael (quien estuvo presente en la proyección en Cannes) y en la convicción con que defiende su propuesta minimalista, contemplativa y sensorial con muchos planos largos y fijos (de todas formas, hay algo más de movimientos de cámara) del hachero usando ahora más una motosierra que su hacha con imágenes rodadas siempre en 35mm.
El fílmico, lo analógico, la vida rural sin Internet ni celulares, un cine orgullosamente lento (catalogado como slow cinema), a contrapelo de los estímulos incesantes de estos tiempos del audiovisual algorítmico. Toda una postura y una definición de sus búsquedas e intenciones.
PD: La película tiene una escena post créditos que es un homenaje a la inocencia del film original
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