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Crítica de “Plata o mierda”, película de Toia Bonino y Marcos Joubert ganadora de la Competencia Argentina del BAFICI 2026
-La realizadora de Orione (2017), La sangre en el ojo (2020) y L'addio (2024) se asoció con Joubert para narrar las experiencias en las cárceles a partir de las imágenes que el propio codirector filmó durante su largo período en prisión.
-Tras su première mundial en el prestigioso IDFA de Amsterdam y de varias proyecciones en Colombia, se presentó en el reciente BAFICI, donde obtuvo el Gran Premio de la Competencia Argentina, el galardón Género DAC y menciones de Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina (ADF), Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales (ASA) y Asociación de Productoras y Productores de Locaciones Audiovisuales de Argentina (APPLAA).
Plata o mierda / Do or Die (Argentina, Colombia/2025). Dirección: Toia Bonino y Marcos Joubert. Cámara: Marcos Joubert. Edición: Toia Bonino. Sonido: Mercedes Gaviria Jaramillo. Duración: 88 minutos. Salas: Gaumont (Av. Rivadavia 1635), del jueves 30 de abril al miércoles 6 de mayo, a las 20.15; Cine Teatro Municipal Quilmes (Av. Mitre 721), el jueves 7 de mayo, a las 18; Espacio INCAA Cine ATE Cultura Norita Cortiñas (Moreno 2654), el jueves 14 de mayo, a las 19.
Es llamativo el interés por parte de decenas de documentalistas argentinos por la vida tras las rejas. Unidad 25, de Alejo Hoijman; Pabellón 4, de Diego Gachassin; La visita, de Jorge Leandro Colás; y Rancho, de Pablo Speroni (podríamos sumar a la “secuela” Los Bilbao), son solo algunos de los valiosos retratos sobre aquellos privados de su libertad.
Toia Bonino se suma a esa tendencia con una propuesta bastante particular que tiene como antecedente más inmediato y directo a la notable Malqueridas, de Tana Gilbert. Pero si la realizadora chilena se enfocaba sobre todo en la problemática de la maternidad en las cárceles con un retrato de índole más coral también basado en filmaciones clandestinas a cargo de las propias reclusas, Plata o mierda aborda el universo masculino en primera persona, ya que todo el material fue grabado por el aquí codirector Marcos Joubert incluso durante el período de pandemia.
De hecho, la comunicación a distancia entre Bonino y Joubert, quien por momentos bromea con y en otros cuestiona a su socia, es parte esencial de un relato que a cada rato expone las dudas, las contradicciones de un protagonista que siente que puede estar siendo manipulado y no sabe si tiene ganas de cumplir con las directivas de la realizadora, quien en otros pasajes se convierte también en su cómplice y oficia de confidente.
El corte final de Bonino expone a partir de las expresivas imágenes de Joubert las angustias existenciales del protagonista (tiene la lógica paranoia respecto de que el sistema penitenciario dominado por una intrincado e ineficiente burocrático lo tiene como víctima principal y que por lo tanto jamás saldrá en libertad) y las precariedades en las que los internos conviven (es muy simpático cómo hacen ejercicio físico en espacios muy reducidos y con los elementos a mano como pesas improvisadas). En ese sentido, Plata o mierda no es lo sórdido que suelen ser este tipo de registros (hay unas pocas imágenes de una revuelta violentamente reprimida), pero tampoco demagógico o tranquilizador.
Cuando su ex pareja no le contesta y no puede ver durante mucho tiempo a su hijo, cuando siente que su vida afectiva es un fracaso, la suerte de diario íntimo que concibe Joubert alcanza una hondura y una honestidad brutales. En otros pasajes, más mundanos, nos acercamos a la cotidianeidad de la vida comunitaria en prisión: los internos se cortan el pelo, se afeitan, ponen música y, de golpe, ocurren situaciones muy emotivas, como cuando uno se despide del resto porque está a punto de salir en libertad para reencontrarse con su familia.
Lo que también vemos -y se trata de un proceso fascinante- es cómo Joubert se va convirtiendo en un cineasta: del registro casual, visceral y urgente pasamos, por ejemplo, a largos planos en el que el penal a oscuras es iluminado por los relámpagos mientras escuchamos los truenos de una tormenta que parece apocalíptica.
En ese sentido, más allá de que el corazón del film pasa por las imágenes tomadas por Joubert con un celular ingresado de forma clandestina y que el sentido del relato se completa con la edición de Bonino, merece un párrafo especial el diseño de sonido a cargo de la talentosa Mercedes Gaviria Jaramillo, quien amplía, recrea, mejora y amplifica los materiales originales para llevarlos a una nueva y superadora dimensión.
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