Críticas
Cine argentino en salas
Crítica de “Jota Urondo, un cocinero impertinente”, documental de Mariana Erijimovich y Juan Villegas
Este retrato de Javier Urondo es una estimulante, entrañable y al mismo tiempo provocadora mirada sobre (¿contra?) el "arte" de cocinar que tiene múltiples dimensiones y alcances.
Jota Urondo, un cocinero impertinente / Jota Urondo, An Impertinent Chef (Argentina/2025). Guion y dirección: Mariana Erijimovich y Juan Villegas. Fotografía: Cobi Migliora y Gaspar Chaves. Edición: Geraldina Rodríguez y Julia Straface. Música: Gabriel Chwojnik y Javier Urondo. Sonido: Francisco Pedemonte. Duración: 67 minutos.
Salas:
Arthaus - CABA
Sábado 9 de mayo, 20hs
Sábado 16 de mayo, 20hs
Viernes 22 de mayo, 20hs - Con presencia de los directores
Sábado 30 de mayo, 20hs - Con presencia de los directores
Cine Arte Cacodelphia - CABA
Domingo 10 de mayo, 19hs - Con presencia de los directores
Domingo 17 de mayo, 19hs - Con presencia de los directores
El Cairo - Rosario
Sábado 16 de mayo, 20:30 - Con presencia de los directores
Viernes 22 de mayo, 20:30
Sábado 30 de mayo, 20:30
Centro Cultural 25 de Mayo - CABA
Jueves 21 de mayo, 21:30 - Con presencia de los directores
Cine Universidad - Mendoza
Viernes 22 de mayo. 21hs
Jueves 28 de mayo 21hs
Durante la poco más de una hora que dura este documental rodado a cuatro manos entre Erijimovich (reconocida productora y directora de postproducción) y Villegas (realizador de Sábado, Los suicidas, Ocio, Victoria, Las Vegas y Los trabajos y los días) se leerá o se escuchará hablar de comida imperfecta, de guerrilla, de barricada.
No es que no veamos a su protagonista, Javier Urondo, cocinando, investigando, pero si hay algo que él y esta película evitan es sumarse a la moda de la “alta” cocina, a la exaltación de lo sofisticado, de lo exclusivo, del "estrellado" universo Michelin.
Hijo de Paco Urondo, poeta y militante asesinado por la dictadura militar en 1976 (no tiene una mirada mitificada ni glorificada de la violencia política), Jota parece haber heredado de su padre una mirada incómoda, lúcida y provocadora, jamás demagógica ni mucho menos complaciente. Desde su “bunker”, Urondo Bar, ubicado en el poco glamoroso barrio de Parque Chacabuco, aboga porque la gente coma porciones generosas, hechas con productos orgánicos y materia prima que él mismo compra cada jornada en el Mercado Central. Su carne jamás es de ternera, sino de “vaca vieja y grande”, pero los comensales le hacen honor a cada plato.
La mirada de la dupla Erijimovich y Villegas es sencilla, atenta, siempre funcional a los pequeños detalles y gestos que pueden adquirir una relevancia impensada. En ese sentido, solo resulta algo excesivo y grandilocuente el uso en más de una ocasión de drones para ubicar el Urondo Bar en el contexto del barrio.
Conoceremos a Jota con su familia, con sus ayudantes de cocina (alguno ya un verdadero chef), amasando pan, preparándose una infusión, recogiendo hierbas aromáticas de su huerta casera, aprendiendo de la comunidad coreana a preparar kimchi pero con algún toque local, charlando con amigos y colegas que lo veneran. Lejos de ser un tipo seductor y encantador, Javier Urondo prefiere ser alguien consecuente, incómodo y hasta un poco antipático y conservador en su reivindicación de la esencia de la comida argentina. Es precisamente ese lugar de anti divo, de alguien que sigue apostando a probar y equivocarse antes que quedarse con supuestas certezas, el que lo convierte en un personaje rico incluso en sus contradicciones y que este inteligente film sabe capturar, retratar y exponer.
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