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Crítica de “Hal & Harper”, serie de Cooper Raiff (MUBI)
Estrenada en el Festival de Sundance 2025, esta miniserie escrita, dirigida y coprotagonizada por el realizador de Shithouse (2020) y Cha Cha Real Smooth: ¡A bailar! (2022) es una íntima y sensible exploración de las siempre intrincadas relaciones familiares. Lili Reinhart, Mark Ruffalo y Betty Gilpin completan el elenco principal.
Hal & Harper (Estados Unidos/2025). Guion y dirección: Cooper Raiff. Elenco: Cooper Raiff, Lili Reinhart, Mark Ruffalo, Betty Gilpin, Alyah Chanelle Scott, Christopher Meyer y Addison Timlin. Duración: 8 episodios. Un capítulo nuevo cada domingo en MUBI (ya hay tres disponibles).
Más allá de unos mínimos reparos (como la proliferación hasta lo abusivo de escenas sin diálogo editadas cual videoclip con alguna épica canción pop de fondo que buscan dinamizar y exaltar el ritmo de la narración), Hal & Harper es una tragicomedia sutil, de esas que se cocinan a fuego lento, haciendo hincapié en los pequeños detalles, en un gesto, en una caricia, en un diálogo pasajero, en una situación inesperada.
Tampoco son demasiados los personajes que aparecen durante los siete episodios de media hora cada uno y uno final que dura algo más de una hora de esta serie que, como su título lo indica, tiene como protagonistas a Hal (el propio Cooper Raiff), un estudiante que está en su último año en la universidad y tiene facilidad para el dibujo; y su hermana mayor Harper (Lili Reinhart), que tiene trabajos administrativos muy poco trascendentes. Aunque tienen personalidades opuestas, ambos son muy cercanos, compinches, confidentes y, sí, “amigos” (así lo admiten y definen ellos mismos). Sus vidas de pareja en Los Angeles no son precisamente afables: ya que ambos tienen novias (sí, Lili es lesbiana), con las que van y vienen todo el tiempo, como si no pudieran estar demasiado cerca pero tampoco mantenerse lejos. Alyah Chanelle Scott interpreta a Jesse, la pareja de ella; mientras que Havana Rose Liu es Abby Jossos, la novia de él.
Buena parte de los no pocos traumas que cargan ambos hermanos tienen que ver con la temprana y trágica muerte de su madre y cierta incapacidad de su papá (Mark Ruffalo en otro de sus personajes un poco torpes, algo deprimidos y torturados, pero finalmente queribles), quien pasado un buen tiempo ha formado una nueva pareja con Kate (Betty Gilpin), una mujer bastante más joven que él (38 años) que está embarazada. De hecho, los riesgos de esa gestación (la beba podría tener Síndrome de Down) es uno de los conflictos en el inicio del relato.
Tenemos, entonces, básicamente seis personajes (habrá algún secundario más de cierto relieve como la compañera de trabajo de Harper que interpreta Addison Timlin) para cuatro horas y media de historia, por lo que hay mucho tiempo en ahondar en el presente, pero también en el pasado de Hal y Harper. Y aquí aparece una de las audacias y riesgos que asume Raiff: ya que son él mismo y Reinhardt quienes interpretan a sus versiones infantiles. En principio, resulta muy chocante ver a dos adultos interactuando con niños y niñas que son sus compañeros de escuela, pero una vez aceptado el código, el artificio, el relato nunca deja de fluir. Y, en algún sentido, esa idea funciona para describir a unos niños sobreadaptados para su edad por las circunstancias que tuvieron que atravesar, pero que luego se transforman en unos adultos vulnerables y algo inmaduros (sobre todo él) a partir de un duelo no resuelto.
El principal “conflicto” es que el padre ha decidido vender la casa familiar en la que ellos convivieron con su madre para mudarse con Kate y su futura hija y armar algo más independiente (esa despedida acentúa el tono melancólico y nostálgico que impregna a todo el relato), pero luego están los universos interiores de cada uno de los personajes que Raiff describe con delicadeza y profundidad.
La serie amaga todo el tiempo en irse hacia zonas más oscuras y perversas, pero -sin entrar en spoilers de ningún tipo- Raiff siempre termina sosteniendo una mirada empática y compasiva hacia sus muy atribuladas criaturas, sin recargar las tintas y apelando a bienvenidas irrupciones de humor. El resultado es como el de una muy buena película del indie estadounidense, pero con la posibilidad de ahondar mucho más en zonas que un film de 90 o 120 minutos solo puede esbozar.
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