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Festival de Locarno 2026: Crítica de “La ilusión de un verano sin fin”, película de Alessandra Sanguinetti (Cineasti del Presente)

Reconocida fotógrafa, la argentina Alessandra Sanguinetti debuta en el largometraje con este notable registro de la vida de dos primas y compinches -primero como niñas, luego de adolescentes y finalmente siendo adultas- que filmó durante 25 años. 

Publicada el 08/08/2026

La ilusión de un verano sin fin / The Illusion of an Everlasting Summer (Argentina, Estados Unidos/2026). Dirección y fotografía: Alessandra Sanguinetti. Con Guillermina Aranciaga y Belinda Stutz. Edición: Andrés Tambornino. Sonido: Lena Esquenazi y Leandro de Loredo. Producción: Julia Solomonoff y Alessandra Sanguinetti. Duración: 94 minutos. Estreno mundial en la sección oficial Concorso Cineasti del Presente.

No es la primera vez (ni será la última) que el cine registra la evolución de sus protagonistas durante muchos años. Lo hizo, por ejemplo, Richard Linklater en la magistral Boyhood: Momentos de una vida (2014), apelando a un dispositivo más ficcional; y también Clarisa Navas, involucrándose mucho de manera íntima incluso en pantalla, en la no menos extraordinaria El príncipe de Nanawa (2025).

Pero esos y otros antecedentes no invalidan ni minimizan en absoluto el encanto, el magnetismo, la belleza y la sensibilidad con que Alessandra Sanguinetti siguió durante un cuarto de siglo (entre 1999 y una coda en París en 2024) las vidas de Belinda Stutz y Guillermina Aranciaga, desde sus 9 y 10 años hasta sus 34 y 35, desde que eran unas niñas alegres que se la pasaban cantando, bailando, actuando, maquillándose, disfrazándose o nadando frente a la por entonces precaria cámara de la directora hasta que se convirtieron en madres y siguieron las costumbres, tradiciones (y convenciones) de la vida campestre.

La ilusion sanguinetti critica 2

Belinda y Guillermina siempre fueron muy distintas incluso desde lo físico (la forma libre y descontracturada con que se mostraron frente al lente de Sanguinetti es uno de los tantos méritos del documental), pero al mismo tiempo una suerte de alma gemelas: crecieron juntas en pleno campo (el film se rodó en la zona de Dolores, General Guido y Maipú) hasta que las exigencias y obligaciones de la maternidad temprana y el matrimonio las fue separando un poco de hecho, pero no en lo afectivo. Sus cuerpos y personalidades fueron cambiando, pero el amor se mantuvo inalterable.

En un ecosistema pletórico de vacas, chanchos, perros, gatos, conejos, gallinas, caballos y corderos, con una abuela que es el reservorio de las leyendas de la zona (único personaje adulto al que Sanguinetti le da cierta entidad, ya que el resto está siempre en un segundo plano), Beli y Guille son las heroínas, de a rato divas, en otros momentos madres abnegadas del relato. La directora las muestra con ternura, empatía, sin juzgarlas ni manipularlas (a veces aparece la cineasta en cámara dando alguna indicación), sabiendo incluso que desde una perspectiva contemporánea y urbana se puede llegar a desdeñar varias de sus elecciones.

La ilusion sanguinetti critica 3

De niñas a adolescentes con acné, de criaturas llenas de inocencia y espíritu lúdico a jóvenes embarazadas que pierden algo de esa magia inicial, La ilusión de un verano sin fin va exponiendo en el trasfondo cierta dinámica social: la del éxodo a la ciudad o la de perpetuar ciertos mandatos hacia los hombres y mujeres del campo (ellos trabajando la tierra y criando los animales, ellas siendo madres).

En el inicio del film ambas protagonistas sueñan con ser actrices y cantantes. No lo lograron en el mundo real, pero en la película de Sanguinetti, quien además las eligió como protagonistas de varios proyectos fotográficos que recorrieron el mundo, finalmente cumplieron con su deseo. Además de una celebración de la amistad cómplice entre mujeres y una obra de arte mayúscula, La ilusión de un verano sin fin es en ese sentido también un acto de justicia poética.

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