Críticas

Multipremiado documental

Crítica de “My Undesirable Friends: Part I - Last Air In Moscow” y entrevista a la directora Julia Loktev (MUBI)

Luego de un largo recorrido por festivales (tuvo su estreno mundial en el Festival de Nueva York 2024), llega a MUBI este potente y desgarrador documental de más de cinco horas de duración que registró de primera mano la ofensiva del régimen de Vladimir Putin contra la prensa independiente antes y durante la guerra en Ucrania. Dialogamos con la directora rusa (radicada desde niña en los Estados Unidos), quien informó que la segunda parte, que será aún más larga, está prácticamente terminada y se enfocará en la vida en el exilio de esas periodistas perseguidas.

Estreno 03/04/2026
Publicada el 19/03/2026

Mis amigos indeseables: Parte I - Último aire en Moscú / My Undesirable Friends: Part I - Last Air In Moscow (Estados Unidos, Rusia/2024). Dirección, fotografía y producción: Julia Loktev. Codirectora: Anna Nemzer. Edición: Julia Loktev y Michael Taylor. Música: Sami Buccella. Sonido: Leslie Shatz. Duración: 324 minutos. Disponible en MUBI desde el viernes 3 de abril.

Cuatro meses antes de que se produjera la invasión rusa a Ucrania, Julia Loktev llegó a Moscú para filmar una película con su amiga Anya (Anna Nemzer), una periodista que trabajaba en TV Rain, el último canal independiente de noticias que trasmitía en medio de un clima de censura y crecientes presiones. De hecho, antes de cada programa se los obligaba a poner una placa en la que debían admitir que eran “agentes extranjeros”, una marca negra, un estigma que se extendió a todos los artistas de protesta y a la sociedad civil en su conjunto con miles de perseguidos, encarcelados u obligados a exiliarse (más de un millón de rusos se fueron del país cuando se desató el conflicto armado).

Munida con un iPhone que ni siquiera era de última generación, con un único lente y con una pequeña grabadora de sonido, Loktev siguió el día a día de TV Rain y de otros referentes de la oposición a Putin, pero cuando el 24 febrero de 2022 la guerra sorprendió a la directora y sus protagonistas -además de Anya siguió los pasos de las jóvenes comunicadoras y activistas Ksyusha (Ksenia Mironova), Sonya (Sonya Groysman), Olya (Olga Churakova), Ira (Irina Dolinina), Alesya (Alesya Marokhovskaya) y Lena (Elena Kostyuchenko), entre otras mujeres (y algunos varones), la película adquirió una dimensión insospechada e inusitada.

Lo que hasta entonces era una persecución algo más solapada en un clima de permanente conspiranoia, se convirtió en algo mucho más violento y concreto: cuando TV Rain intentó hacer una campaña de contrainformación para difundir lo que el gobierno de Putin no quería se supiera sobre la guerra, comenzaron los operativos armados que obligaron a cerrar el canal y huir por tierra o por avión a países que aceptaran sin visa a ciudadanos rusos. Aquellos que se quedaron fueron condenados a larguísimas sentencias en prisión por “traición” a la patria.

Estructurado en cinco capítulos, como una suerte de mixtura entre una novela rusa y un reality show sobre una sociedad aterradora, Mis amigos indeseables es de esos registros urgentes y viscerales en los que se prioriza lo íntimo y lo político por sobre la prolijidad o los destellos formales, pero -más allá de lo extremo de muchas situaciones que tuvo que atravesar- Loktev nunca pierde la sensibilidad, la nobleza, la empatía, el respeto y el pudor a la hora de acercarse a sus personajes / amigas.

Es cierto que una película de cinco horas y media (serán más de once cuando MUBI estrene este año la segunda parte) con historias de vida tan desgarradoras no es precisamente de fácil digestión, pero tengo la sensación, casi la certeza, de que Mis amigos indeseables quedará como uno de los registros más importantes y contundentes sobre aquel período histórico y sobre el accionar de un autócrata como Putin, que cursa actualmente su quinto mandato de seis años cada uno.

Julia loktev berlinale

Entrevista a Julia Loktev

La directora nació en San Petersburgo, Rusia, y emigró a los Estados Unidos cuando tenía nueve años (hoy tiene 56). Su documental Moment of Impact (1998) ganó el premio a Mejor Dirección en el Festival de Sundance y el Gran Premio en Cinéma du Réel. Su ópera prima de ficción, Day Night Day Night (2006), que documenta 48 horas en la vida de una joven anónima de 19 años mientras se prepara para convertirse en una terrorista suicida en Times Square, tuvo su estreno mundial en la prestigiosa Quincena de Cineastas de Cannes y obtuvo el premio Someone to Watch en los Independent Spirit Awards, mientras que su largometraje The Loneliest Planet (2011), protagonizado por Gael García Bernal, se proyectó en el Festival de Nueva York y ganó el Gran Premio del Jurado en el AFI Fest de Los Ángeles. Ganó la Fundación Guggenheim y el Premio Iconos Emergentes del Museo George Eastman, entre varias otras distinciones.

Mis amigos indeseables: Parte I - Último aire en Moscú fue uno de los documentales más premiados de los últimos tiempos: además de entrar en la shortlist del Oscar, fue elegido como el mejor trabajo de no ficción por los críticos de Los Angeles, los de Nueva York y los de la National Society of Film Critics. Además, ganó en los Gotham Awards y fue nominada para los Independent Spirit Awards.

Otros Cines participó de una entrevista que Loktev concedió vía Zoom junto a la codirectora y y protagonista Anya Nemzer y otro de los personajes principales como Ksenia Mironova.


El documental nació como un proyecto más acotado y terminó convirtiéndose en una obra con una perspectiva mucho más amplia ¿Cómo fue esa evolución?

Julia
: Antes que nada, quiero aclarar algo que genera confusión a la hora de nombrarlo: la "parte uno" es todo un único documental. Tiene cinco capítulos, no cinco partes. Si lo pensás como un libro, sería el volumen uno con cinco capítulos. En cuanto a cómo surgió: en el verano de 2021 Rusia empezó a designar periodistas como "agentes extranjeros" a una velocidad digna de una avalancha. Yo ya conocía socialmente a Anya. Ella era conductora en TV Rain, que era el último canal de televisión independiente que quedaba, y también fue declarado agente extranjero. El gobierno ruso no solo etiquetaba medios, sino también periodistas individuales. Nos pareció algo profundamente inquietante que podía derivar en cosas muy malas, así que tuvimos la idea de hacer una película sobre esto. Literalmente me subí a un avión apenas obtuve la visa rusa. Pensé: "ya veremos cuando lleguemos". Empecé a filmar y todo el primer capítulo se rodó durante esa primera visita, en esa primera semana, porque llegué y estaba pasando de todo. TV Rain organizaba una maratón contra esta nueva aplicación de la ley de agentes extranjeros. Había bandas tocando, gente diciendo "soy la quinta columna", "mi Rusia existe independientemente de ustedes", "estamos resistiendo". Había un movimiento de oposición.

Cada viernes a la noche se anunciaban nuevos agentes extranjeros. Todo el mundo tenía esa sensación de: ¿nos vamos mañana o deberíamos habernos ido ayer? ¿Cuánto tiempo podemos quedarnos en nuestro país y seguir trabajando? Toda la película se construyó así, como una bola de nieve, porque los acontecimientos se aceleraban. Pero en ese momento nadie imaginaba que cuatro meses después Rusia iniciaría una invasión a gran escala de Ucrania y que todos tendrían que huir del país.


Anya, vos alentaste a Julia a que simplemente empezara a filmar con la idea de que después encontrarían la forma de procesar todo ese material. ¿Qué estaba pasando exactamente con los periodistas independientes en ese momento y por qué tenías la certeza de que lo peor estaba por venir?

Anya
: Voy a intentar describirlo brevemente. Los medios independientes en Rusia definitivamente vienen experimentando presión por parte de las autoridades desde hace mucho tiempo; de hecho, esto viene ocurriendo desde 2001. Fue el momento en que Putin dejó absolutamente claro que podían existir algunos medios independientes, los llamados sitios web, pero que no iban a tener su propia televisión. La televisión iba a ser completamente leal a Putin. Y ha sido así, con una o dos excepciones, siendo TV Rain una de ellas.

Pero desde el verano de 2021 nos dimos cuenta de que las autoridades estaban intentando —perdón por la comparación— crear algo así como una "solución final", una solución sistemática. Porque antes eran medidas aisladas y acciones puntuales contra distintos medios independientes. En este caso, básicamente crearon un conjunto de leyes y empezaron a actuar en base a ellas. Y esas leyes estaban específicamente dirigidas a los medios independientes fuertes, para dejarlos indefensos.

¿Y qué significaba ser declarado "agente extranjero"? Básicamente, el Estado te acusaba de alguna forma de influencia extranjera. Nadie sabe bien qué es, pero sos agente de algo. Entonces, en cada material que producías —sea un artículo o un posteo en redes sociales— tenías que incluir un párrafo de 24 palabras explicando que ese contenido fue creado por un "agente extranjero". Es un sinsentido burocrático. Sería ridículo si no fuera tan insidioso. Y no podías dejar de hacerlo, porque si no te aplicaban multas: una multa, después otra, y luego eso podía convertirse en un cargo penal. Básicamente, podías terminar en la cárcel.

Lo mismo ocurría con los informes financieros: tenías que presentar todos tus reportes, registrar todos tus gastos y reportarlos al Ministerio de Justicia. Una multa, dos multas, y después un cargo penal. En definitiva, podías terminar en prisión.

Pero hay algo más que creo que es muy importante: esta idea de que alguien sea un "agente extranjero" generó un clima de miedo y desconfianza en la sociedad, porque esa condición se volvió algo casi contagioso. Si trabajabas con un agente extranjero, también podías ser declarado agente extranjero, porque esa supuesta "influencia" nadie podía describirla con claridad. Se volvió peligroso trabajar con agentes extranjeros, leer sus libros, ni hablar de los miembros de organizaciones "indeseables", que era aún peor. Fue una política deliberada para fragmentar a la sociedad, aislar a las personas consideradas indeseables y convertirlas en un riesgo para el resto. Y fueron bastante exitosos en eso.

También es importante mencionar que era bastante aleatorio, porque para que el terror funcione, tiene que sentirse impredecible. No empezaron por los periodistas más famosos o más evidentes en Rusia. Daba la impresión de que estaban sacando nombres de un sombrero.

Eso, combinado con una especie de "muerte por mil cortes" —no podés hacer esto acá, ni aquello allá— hace que poco a poco tu sensación de libertad se vaya desangrando. Julia, una de las cosas que el documental hace especialmente bien es ponerle rostros humanos a momentos históricos que solemos consumir solo como titulares.

Julia loktev equipo

¿Te resultaba evidente desde el principio que las rutinas cotidianas de estos periodistas iban a ser tan importantes para la historia como los hechos más decisivos a gran escala?

Julia:
Absolutamente. De hecho, The Lives of Foreign Agents fue la película que empecé a hacer. Pensé que iba a llamarse así porque creía que era una película sobre estas personas que parecían muy comunes, como gente que podrías conocer, y de repente eran declaradas "agentes extranjeros". Eso fue lo que realmente me llevó a la historia.

Yo, en realidad, vengo de la ficción. Ni siquiera se me ocurrió hacer un documental convencional con entrevistas e información, porque eso no es lo que hago. Es lo que hacen otras personas, pero no es lo mío. Yo hago películas sobre personajes, sobre personas atravesando situaciones dramáticas, sobre rostros, sobre emociones. Y esa es la única manera en que puedo acercarme a algo. La información se puede obtener en otros lados. A mí no me interesa tanto la información, aunque terminás aprendiendo muchísimo, no solo sobre Rusia, sino sobre lo que significa intentar trabajar como oposición en una sociedad autoritaria. Pero lo aprendés, de alguna manera, pasando tiempo en las cocinas de la gente, viviendo la vida con ellos.

La historia de Sanya, por ejemplo, muestra ese panorama más amplio de una periodista independiente moviéndose en un contexto donde las reglas cambian día a día, hora a hora, mientras al mismo tiempo su prometido está en prisión. Lo personal es político, pero también hay mucho en juego a múltiples niveles.


Ksenia, ¿cómo fue para vos tener toda esa experiencia documentada mientras estaba ocurriendo?

Ksenia:
Bueno, obviamente fue muy difícil, pero siempre digo que todo pasaba tan rápido que realmente no tenía tiempo para procesar que Julia estaba ahí. Si ves el documental, te das cuenta de que algo ocurría a cada segundo. Yo también trabajaba en TV Rain y todos los días pasaba algo: trabajás, tenés que pagar las cuentas, tenés que pagar abogados. Y además, cada día, a algún amigo lo declaraban "agente extranjero", o arrestaban a mi camarógrafo, o pasaba otra cosa.

Una parte importante es que Julia estaba con nosotros, en el mismo peligro en el que estábamos nosotros. No sentía que ella me decía que filmara algo mientras estaba en un lugar seguro y yo en peligro. Si yo tenía problemas, ella también los tenía conmigo. Eso ayudó mucho. No sentí que apareciera de repente e interrumpiera algo, porque estaba ahí con nosotros cuando la policía fue a TV Rain.

Ahora creo que tuve un poco más de tiempo para procesarlo. Nunca vi la película completa, desde el principio hasta el final, en una sala grande. La vi por partes, porque necesito tiempo. Pero ahora se siente casi como una terapia, porque siento compasión por esa chica en la pantalla y me distancio un poco. Siempre digo que Julia empezó a filmarme cuando yo era muy joven, tenía poco más de veinte años. Y ahora estoy cerca de los 30, aunque Julia dice: "¿Quién dice que está cerca de los 30 cuando tiene 27?" Pero bueno, pasó mucho tiempo. Soy una persona muy distinta. Estoy exiliada y empezó la guerra. Me encanta que haya capturado esto como un momento histórico, pero también como algo muy privado para mí.


Julia, ¿y cómo hiciste para registrar todo eso de una manera respetuosa, sobre todo en los momentos más íntimos y emocionales?

Julia:
La confianza fue fundamental. Desde el principio, la confianza era clave. Yo conocía a Anya y todos confiaban en ella. Entré a través de una persona de confianza, y me alegra no haber traicionado esa confianza.

Filmaba con un iPhone y me gusta filmar rostros, primeros planos. Tenía una lente pequeña, pero aun así tenía que estar a un metro de distancia de las personas: la distancia natural que tenés con tus amigos. Muchas veces, en documentales, la gente filma desde el otro lado de la habitación, con teleobjetivo, tratando de ser una "mosca en la pared". Esto era más bien como una mosca en tu hombro o en tu cara. Entonces te acostumbrás. La gente se acostumbró a mi presencia como parte del entorno físico. Yo simplemente estaba ahí con la cámara y, por lo general, sin hablar demasiado.

Hubo momentos en los que estaba, literalmente, a unos 30 centímetros de Ksenia, filmándola mientras lloraba. Y eso es difícil de hacer, salvo que seas un monstruo o un buitre. Pero lo que lo hacía posible era que existía esa confianza: yo sabía que si ella quería que parara, lo iba a decir. Y ella sabía que si decía "pará", yo iba a parar. Nadie lo dijo, pero esa confianza estaba ahí.

La ética también fue esencial para mí. Con todos teníamos un acuerdo verbal: si fallaba con una persona, fallaba con todos. Les dije que podían revisar todo al final, por su seguridad y por la exactitud de los hechos. Todos entendieron que era por seguridad, no por cuestiones superficiales. Hubo casos en los que eliminamos a familiares: si alguien quería aparecer pero después nos dábamos cuenta de que, por ejemplo, si era un hombre de la familia, podía ser reclutado como represalia, tomábamos esa decisión. Volvimos con todos, no solo con los protagonistas: cada persona que aparece en la película dio su consentimiento. TV Rain ahora es una organización criminal, así que tuve que revisar cada plano: alguien sentado en una computadora al fondo, una maquilladora pasando... Le mandé a cada uno su segundo y medio en pantalla y les pregunté si estaban de acuerdo con ese riesgo. Si no, los difuminábamos. No veo otra forma de hacerlo.


Mencionaste que originalmente ibas a hacer un documental de entre 90 minutos y dos horas y media, y que te sentiste obligada a hacer la película que ese material merecía. Cuando estabas montando, ¿pensabas en una estructura más amplia desde el principio o ibas armando cada segmento con la idea de que, juntos, formaran el todo?

Julia:
El 24 de febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, supe que —aunque suene raro decirlo— había tenido mucha suerte como directora de poder capturar la historia. Es algo muy raro. No podrías haber empezado a filmar cuando comenzó la guerra a gran escala. Esta película existe porque tuvimos la intuición de empezar cuatro meses antes.

Sabía que el material era extraordinario, porque es muy raro poder capturar algo así. Recuerdo que al empezar pensaba: ¿y si hubieras podido filmar en Alemania en 1935, cuando se aprobaron las primeras leyes, cuando la gente era obligada a marcarse como "otros"? ¿Y si hubieras podido ver ese proceso desplegarse? Allí fue más lento; esto fue mucho más rápido. Y además está el hecho de que un millón de personas se fueron de Rusia. Es un éxodo histórico, transformador. Y yo lo capté en vivo a través de estas mujeres tan queribles, inteligentes y carismáticas.

Sabía que el material exigía respeto, que había que tratarlo como algo especial. No quería comprimirlo en algo informativo. Eso se puede conseguir en otros lados. Lo que no tenés es la experiencia vivida. Y es muy raro poder atravesar algo así junto a otras personas.

Para mí, todo se basa en eso. Cuando tenía 23 años fui a una charla de Frederick Wiseman y me cambió la vida. Estaba montando mi primer documental y le pregunté cómo editaba. Me dijo que trabajaba escena por escena, estudiándolas, viendo qué había ahí, puliéndolas. Uso eso en todo: ficción, documental, lo que sea. Entrar a la sala de montaje sin ideas preconcebidas, tratando de descubrir qué te dice el material. Quería honrar la historia y dejar que se contara sola.

Cada capítulo es un bloque de tiempo. Los capítulos cuatro y cinco son la primera semana de la guerra, pero cada día parecía una era. Todo cambiaba a una velocidad brutal: Rusia cerró todos los medios independientes, todos los personajes huyeron. La película es perversamente lineal: no podés mover cosas de un capítulo a otro. Es un avance constante, implacable. Y lo vivís de manera muy íntima.


Mencionaste que cineastas como Frederick Wiseman, antes de morir, y Ezra Edelman —que hizo el documental sobre O.J. Simpson, de ocho o diez horas— te expresaron su admiración. Son realizadores que entienden que la historia dura lo que tiene que durar si querés contarla bien.

Julia:
Sí, totalmente. Son dos personas muy importantes para mí. Wiseman es enorme para mí, y que haya visto la película y le haya gustado significó muchísimo. Pero también me lo dijeron directores de ficción, como Brady Corbet (El Brutalista). Eso es importante: no viene desde la información, sino desde el cine. Yo no soy periodista. Es una película sobre el periodismo, pero yo vengo del cine.

My undesirable friends 2

El documental tiene un elenco casi completamente femenino. ¿Fue una decisión deliberada?

Ksenia:
Me encanta esta pregunta, porque siempre nos preguntan por qué todos los personajes son mujeres, pero esta es mucho mejor. Siempre decimos que nos gustaría ver la versión alternativa de la película pero con hombres, porque estamos seguras de que sería un film sobre lo cool y valientes que son los periodistas masculinos y sobre cómo beben juntos y discuten sus grandes planes.

Lo mejor de los films de Julia es que podés sentir esta intimidad y sentir que somos personas normales. Y creo que es por eso que la gente de otros países les gusta este film: pueden ver este tipo de amistad, cómo nos apoyamos, cómo miramos los mismos films y programas de televisión, cocinamos como ellos, nos asombramos con nuestros hijos como ellos. Lo he visto describir como "un film de descanso". Creo que es un film de descanso sobre el autoritarismo. Y eso es importante.

Julia: De hecho, empecé a filmar a algunos hombres. No eran tan interesantes para filmar, para ser honesta. No era un plan deliberado de hacer un film con todas mujeres. Pero tengo que filmar a gente que me atraiga como personajes, que me atraigan emocionalmente. Y al final terminó siendo casi todas mujeres. Hay hombres en el film, obviamente, pero no fue deliberado.

Pero estoy muy contenta de que lo sea, porque hay algo que es fundamental para mí: soy completamente alérgica a ese género de films en el que todo gira alrededor de un único héroe que lucha solo contra el mundo. Es casi siempre un hombre —con excepciones como Erin Brockovich— pero en general es el único hombre contra lo que sea. Y no creo que así sea como funciona la oposición. La resistencia no funciona como una sola persona. La resistencia es sobre una comunidad de personas. Esta es una película sobre amor y comunidad.


¿Qué consejos le darían a los periodistas y ciudadanos que hoy ven sus propios países avanzar hacia el autoritarismo y la eliminación de una prensa libre e independiente?

Anya:
Siempre digo: ¿qué te hizo creer que éramos las mejores personas para darte un consejo? Como podés ver, hemos fallado. Mi respuesta real es la comunidad. Estar juntos con otros, no solo con periodistas, sino con otras personas que compartan los mismos valores, incluso más allá de tu círculo inmediato.

Pero también hay algo más concreto. Fui invitada a un panel en el Washington Post y le dije, con mucha seriedad, que mi consejo es tener otro trabajo. Pensar qué más podés hacer para alimentar a tu familia y pagar tus cuentas. Porque una de las cosas que hizo el gobierno ruso con la figura del agente extranjero es que las empresas no pueden comprar publicidad en esos medios sin arriesgarse a sanciones. Entonces, aunque no te arresten como periodista, no podés ganar dinero de tu trabajo. Es importante que los periodistas piensen qué otras maneras hay de llegar a la gente con esa información, si su gobierno cierra todo. ¿Podés usar redes sociales? ¿Podés hacer esto y aquello? Pero también es importante pensar cómo monetizarlo. Lo dije en el Washington Post tres días después de que despidieran a un tercio de su redacción. Fue triste, pero el consejo llegó en el momento justo. Y volviendo al principio: estar con tu comunidad, porque la gente alrededor tuyo es lo que te va a salvar cuando todo está cerrado.

Ksenia: Es muy difícil dar consejos, porque nosotras sabíamos que algo horrible estaba a punto de suceder y aun así no pudimos evitarlo. Tal vez no podíamos predecir la invasión total de Ucrania, porque todavía es algo que supera mi imaginación. A veces todavía no puedo creer que esté sucediendo. Pero éramos muy conscientes de que algo muy malo ya estaba pasando y estaba por empeorar.

Lo que sí puedo compartir es una sensación: cuántas veces me dijeron que debía irme inmediatamente, que me estaba comportando como un judío en Alemania en los años 30, sentada ahí, sin irme a ningún lugar, sin creer en el peligro. Tenés que tener un plan B. La palabra "inmigración" es la que sigo viendo en mis sueños, y no estoy bromeando. Estábamos conscientes y aun así teníamos esperanza. No puedo decirte que mates toda esperanza y que creas que todo va a estar muy mal. Pero tal vez este film puede transmitir esa sensación: estar consciente, esperar, no creer del todo en el peligro pero saber que está ahí. Esa combinación extraña de pensamientos y sentimientos. En este punto hay que protestar, hay que hacer algo. No tenemos un manual. Pero sí podemos compartir esa sensación, que se está volviendo bastante reconocible en muchos lugares.

Julia: Para mí, en el último año, los estadounidenses han dicho que sí, que el film habla de ellos. Primero pensé que tal vez se identificaban con los capítulos uno, dos y tres. Pero resulta que también los capítulos cuatro y cinco, donde Rusia empieza una guerra a gran escala, resuenan ahora en los Estados Unidos de una manera que no esperaba. La forma en que se habla de la guerra en ese país es inquietante. De repente ya no se la llama guerra, se la llama de otras maneras, igual que Putin llama a lo que ocurre en Ucrania una "operación especial de combate". Todo el tiempo cambia cómo se percibe el film. Literalmente en los últimos meses resuena de una manera totalmente diferente para mí como americana.

El autoritarismo es el autoritarismo en todos lados, y es horrible en todos lados. Y por desgracia se está volviendo cada vez más popular. Mucho de este film es sobre cómo vivís en un país cuyo gobierno oponés, cómo lo navegás, cómo intentás descubrir cómo seguir siendo ciudadano. Y eso, lamentablemente, se está volviendo una pregunta muy reconocible.


Por último, ¿en qué estado está la segunda parte del documental, titulada Exile, y cómo continúa la historia?

Julia: Está casi terminada. Estoy filmando la última escena probablemente la semana que viene. También va a tener cinco capítulos y será un poco más larga que la primera parte, unos cinco horas y media.

Filmé todo de manera continua. Al final de la primera parte, todos los personajes huyen de Rusia. Con la excepción de Ksenia, que regresó por unos días para ver a su pareja ser condenada a 22 años de prisión por lo que el Estado llamó traición, nadie más ha podido entrar a Rusia desde entonces. Y cuando todos se fueron, yo me quedé un día más porque tenía miedo de que me fotografiaran en la frontera. Tuve que quedarme esa última noche subiendo el material filmado a la nube a través de un Wi-Fi muy lento en el hotel. No podía irme con ellos porque esa filmación era demasiado valiosa, pero pude hacerlo un día después.

La segunda parte empieza con Ksenia en Estambul, con un montón de gente de TV Rain, porque era el único lugar al que podían comprar tickets. Los aviones no estaban volando a Europa ni a Estados Unidos desde Rusia, pero podías conseguir un pasaje muy caro para Estambul, donde no necesitabas visa. Todos están en ese estado en que uno de los personajes lo resume perfectamente: "Ayer fui conductora en TV Rain, tenía un trabajo, un novio, un apartamento, un hogar. Y ahora soy una pérdida en Estambul." No tienen idea a qué país irán al día siguiente. Sus tarjetas bancarias no funcionan. No tienen trabajo ni medios. No pueden informar a nadie porque todos sus medios han cerrado. Están tratando de descubrir cómo volver a ponerse de pie como periodistas.

Los sigo mientras van de país en país, continúan reportando la verdad sobre la guerra, hablan de los crímenes de guerra en Ucrania, ofrecen a los rusos una alternativa a la propaganda trabajando desde el exilio. La historia nos lleva hasta hoy, donde estos mundos diferentes convergen con los Estados Unidos, y el exilio se convierte en indefinido.

Hay algo más que creo que es central en la segunda parte: estos periodistas pasaron de sentirse como los buenos a ser de repente los malos, porque su país había invadido Ucrania. Hay un sentido tremendo de vergüenza, culpa y responsabilidad. ¿Cómo se toma responsabilidad en esa situación? Es una imagen más amplia y más profunda del exilio. Nos quedamos con los mismos personajes, conocemos un par de nuevos, y los sigo durante años. Estoy muy emocionada con ella. Creo que es aún más emocionante que la primera parte. Y ojalá no hubiera tenido que filmar nada de esto. Sería mucho mejor si estos periodistas independientes no estuvieran en el exilio.

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