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Festival de Cannes 2026: Crítica de “Ulya”, de Viesturs Kairišs (Un Certain Regard)
El realizador letón de películas como The Chronicles of Melanie (2016) y January (2022) estrenó en la segunda competencia oficial este film inspirado en la historia real de la basquetbolista Ulyana Semenova (1952-2026), campeona olímpica en dos ocasiones (1976 y 1980), tres veces campeona mundial y campeona de Europa en diez oportunidades.
Ulya (Letonia, Estonia, Polonia/2026).. Dirección: Viesturs Kairišs. Elenco: Kārlis Arnolds Avots, Chulpan Khamatova, Aleksas Kazanavičius, Shamil Khamatov, Arturs Kruzkops y Kaspars Dumburs. Guion: Viesturs Kairišs, Kārlis Arnolds Avots, Livia Ulman y Andris Feldmanis. Fotografía: Wojciech Staron. Música: Marko Veisson. Edición: Armands Zacs. Duración: 102 minutos. Estreno mundial en la competencia Un Certain Regard.
En la Letonia de 1964, pleno período del dominio soviético, una adolescente a la que todos llaman Ulya desarrolla una altura insólita que llega hasta los dos metros (al parecer, por una extraña afección glandular). Ella trabaja en la granja familiar Paberze, pero una foto suya llega a manos del entrenador de un legendario equipo de báquet femenino de la capital Riga. Cuando es convocada, no tiene conocimiento alguno sobre esa disciplina, pero para superar los estigmas y las burlas que sufre deberá demostrar una enorme resiliencia y perserverancia. Al principio la decepción e incomodad son tales, que huye para volver a su pueblo natal, pero luego sí comenzará una de esas épicas deportivas de autosuperación.
La película tiene un tempo (abundan los planos largos) y un look (notable fotografía en blanco y negro cortesía del gran Wojciech Staron) que la distinguen del cine convencional (hay imágenes que bien podrían pertenecer a un largometraje de Alexander Sokurov), pero las escenas de los partidos no son particularmente inspiradas. De hecho, Ulya es más un estudio sobre las diferencias de clase y origen (una chica humilde en medio de las presiones de los entrenadores y los prejuicios con que se va topando por no tener un cuerpo “normal” en el seno de una sociedad muy conservadora), sobre los deseos y desengaños, que un film deportivo, más allá de que Semenova sigue siendo considerada una de las mejores basquetbolistas mujeres de todos los tiempos.
Sin sensacionalismo ni golpe bajo, con austeridad, elegancia, mesura y sensibilidad, sViesturs Kairišs consigue un valioso retrato individual que es también un registro de época. El film generó no pocas controversias (y en muchos casos duros cuestionamientos) por elegir a un actor (Kārlis Arnolds Avots) para el papel de una mujer (a la que todos en la película miran como si fuera varón). Es cierto que por momentos los movimientos de Ulya parecen demasiado masculinos, pero el debate se debe más a cuestiones de identidad de género o intersexualidad que a un desacierto artístico imperdonable. Lo cierto es que, con sus carencias y limitaciones, Ulya ratifica la categoría narrativa y visual de Kairišs, uno de los autores más valiosos del cine letón (y báltico) que finalmente fue reconocido con una elección en Cannes.
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