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Festival de Cannes 2026: Crítica de “La Gradiva”, película de Marine Atlan ganadora de la Semana de la Crítica
La extraordinaria ópera prima de la francesa Marine Atlan, que narra las peripecias de un grupo de adolescentes durante un viaje de estudio a Nápoles, obtuvo el máximo galardón de la sección paralela dedicada a primeros y segundos largometrajes.
La Gradiva (Francia, Italia/2026). Dirección: Marine Atlan. Elenco: Colas Quignard, Suzanne Gerin, Mitia Capellier y Antonia Buresi. Guion: Marine Atlan y Anne Brouillet. Fotografía: Pierre Mazoyer, Marine Atlan. Edición: Guillaume Lillo. Música: Jonas Atlan. Duración: 145 minutos. Estreno mundial en la Semana de la Crítica.
La premisa es por demás sencilla: Madame Marianne Mercier (Antonia Buresi), una profesora de Latín de un colegio secundario, organiza un viaje académico a Nápoles para estudiar la historia y los vestigios del volcán Vesubio en la zona de Pompeya, para apreciar el arte y para que los muchachos y muchachas que están próximos a ingresar a la vida universitaria terminen de decidir sus intereses. Pero, claro, siendo adolescentes avispados, entusiastas,, ávidos de experimentar, no será 'solo” una visita estudiantil sino que se pondrán en juego otras cuestiones menos intelectuales y más emotivas, como la búsqueda, la seducción, el deseo y también las contradicciones, las angustias y los miedos.
Lo que La Gradiva no tiene de innovador en su planteo general (hay miles de películas sobre viajes iniciáticos, estudiantinas y descubrimientos juveniles) lo compensa con una ligereza, un encanto, una naturalidad, una fluidez y una inteligencia infrecuentes ya no solo en el marco de una ópera prima como esta sino en el cine contemporáneo en su conjunto.
Las dinámicas y tensiones entre ellos, con los adultos, con el entorno, las charlas casuales que terminan siendo confesionales, los tironeos entre las exigencias de la profesora (a cuya situación también se le dedican varios minutos) y las ganas de los chicos de dedicarse a vagar, a encontrarse, a perderse... son parte esencial de la propuesta.
Dentro de una estructura coral con una veintena de personajes que funciona a la perfección, Marine Atlan (anotemos este nombre de quien hasta ahora era una reconocida directora de fotografía) encuentra en Toni (Colas Quignard), un bromista provocador que atrae la atención tanto de sus compañeros como de la maestra; en su mejor amigo James (Mitia Capellier), un mujeriego que incluso protagoniza un breve encuentro íntimo en el tren de ida pero que al mismo tiempo está fascinado por Toni; y Suzanne (Suzanne Gerin), una artista solitaria e introvertida que asume un papel más observacional; a los protagonistas.
Entre imágenes soleadas, canciones populares italianas y algunas situaciones que irán virando desde lo casi documental hacia lo melodramático, fluye un film sobre el paso a la adultez, el asumir iniciativas, responsabilidades y compromiso. Varios chicos -todos interpretados por actores no profesionales- pasarán de aplicaciones de citas tipo Grindr a buscar en el celular información sobre la historia de Nápoles, irán interesándose por el arte y redefinirán sus próximos pasos. Todo eso ocurre en este magnético film que, casi sin proponérselo, sintoniza a la perfección con la pulsión juvenil de estos tiempos y, por lo tanto, tiene algo de espíritu generacional.
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