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Festival de Cannes 2025: crítica de “La Danse des renards” (“Wild Foxes”), ópera prima del belga Valéry Carnoy (Quincena de Cineastas)
Esta incursión en el universo del boxeo amateur sirve como advertencia sobre los riesgos que provoca la exigencia desmedida entre jóvenes que pueden no estar preparados para la alta competencia.
La Danse des renards / Wild Foxes (Bélgica, Francia/2025). Guion y dirección: Valéry Carnoy. Elenco: Samuel Kircher, Fayçal Anaflous, Jef Jacobs, Anna Heckel, Jean-Baptiste Durand, Hassane Alili y Salahdine El Garchi. Música: Pierre Desprats. Fotografía: Arnaud Guez. Edición: Suzana Pedro. Duración: 92 minutos. Estreno mundial en la sección Quincena de Cineastas.
Camille (el ascendente Samuel Kircher) promete ser en breve una de las grandes figuras del boxeo. Si bien todavía está (y vive) en una escuela para jóvenes talentos, lleva cinco años de entrenamientos intensivos, suele demoler a sus rivales y se encamina a triunfar en los inminentes torneos europeos. Pero un día protagoniza un torpe accidente en un bosque cercano y, si bien no sufre ninguna lesión de importancia, algo se quiebra en él por dentro. El dolor pasa a ser emocional y los temores se trasladan a los rings, donde empieza a sentirse cada vez más vulnerable.
La película del guionista y director debutante Valéry Carnoy se concentra primero en la relación con el entrenador Bogdan (Baptiste Durand), que trata de encontrarle alguna explicación a semejante vuelco e involución; luego con su amigo, compinche, compañero de rutas, fan y también ocasional rival Matteo (Fayçal Anaflous) y finalmente con Yasmina “Yas” Mazi (Anna Heckel), una chica que pendula entre el taekwondo y tocar la trompeta.
En medio de una cacería de zorros, de canciones italianas y de intensas escenas de pugilato, La Danse des renards trata (y por momentos logra) gambetear los tópicos habituales -a esta altura lugares comunes- de las películas sobre boxeo (o de cualquier drama deportivo) respecto de entrenamientos, triunfos, crisis, recaídas y redenciones. Carnoy se concentra en el viaje íntimo, lleno de obstáculos y contradicciones, de Camille para exponer con crudeza, visceralidad y ciertos pasajes de indudable potencia la contracara del deporte de alto rendimiento y de (altísimo) riesgo por sus muchas veces inmanejables efectos colaterales.
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