Críticas
Crítica de “Torrente presidente”, película de y con Santiago Segura
La sexta entrega sobre uno de los personajes más políticamente incorrectos de la historia ya es la más exitosa de la saga en los cines de España con 3,2 millones de espectadores y más de 24 millones de euros de recaudación en solo cuatro semanas de exhibición. Desde este jueves 9 de abril se podrá ver en 83 salas argentinas.
Torrente presidente (España/2026). Dirección y guion: Santiago Segura. Elenco: Santiago Segura, Gabino Diego, Carlos Areces, Ramón Langa, Cañita Brava y Xavier Deltell. Música: Roque Baños. Fotografía: Javier Salmones. Edición: Fran Amaro. Distribución: Méliès Distribution Company. Duración: 103 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas (primera semana): 83.
Vuelve el personaje más xenófobo, sucio, misógino, homofóbico y recalcitrantemente derechista del cine español. Vuelven las guarradas, las incorrecciones, el desubique constante, la mordacidad y las clásicas “pajillas”. Vuelve ese otrora reputado policía devenido en lumpen que es José Luis Torrente, al que en su sexta película el protagonista, director y guionista Santiago Segura le imagina una meteórica carrera rumbo al máximo cargo ejecutivo de su país.
Si Torrente fue, desde su debut en pantalla grande en 1998, un personaje cargado de verdad, una suerte de conglomerado de lo peor de la idiosincrasia española, aquí propone una descarnada visión de una política contemporánea donde lo circense se ha vuelto norma. Más que deformar la realidad, Segura parece capturarla y apenas empujarla un poco más allá hasta una zona donde la parodia podría pasar por registro documental. No es muy difícil adivinar en quién se inspiró para crear personajes como Jacobo Carrascal, del partido Nox, o Idoia Mantero, del PSAE, figuras que funcionan como reflejos apenas caricaturizados de una escena política cada vez más inclinada al espectáculo.
Son miembros del primero los que, mientras están en un bar, se cruzan con Torrente hablando ante la fauna de descastados que tiene por amigos. Es, piensan, un “hombre común” que materializa la españolidad promedio y tiene buena oratoria, por lo que le ofrecen participar de un acto. A partir de ahí, la película traza un ascenso absurdo -pero no por eso inverosímil- en el que Torrente se irá valiendo de su lengua filosa para subir peldaño a peldaño en la carrera presidencial. Mientras tanto, despertará temores en los políticos tradicionales, incapaces de competir con su brutal falta de filtros y su eficacia para conectar con un electorado harto de casi todo.
La película orbita, como era de esperar, alrededor de las mordaces observaciones verbales de Segura, que llegan bajo la forma de chistes afilados, incómodos, deliberadamente provocadores, que harán respingar la nariz de los cultores de la corrección política. La vitalidad de Torrente presidente pasa por el gag rápido y la sorpresa. Como la aparición de un Javier Milei ficticio felicitando a Torrente por su campaña basada en la agresión y la exaltación de los valores tradicionales. Y, también, la de dos figuras de Hollywood que conviene no adelantar.
Si bien la historia se estira más allá de lo recomendable, como si Segura no supiera cómo redondear una propuesta que funciona únicamente por acumulación, el resultado es hilarante y venenoso, un muestreo de que no hay mejor humor que aquel que sabe que los límites están para ser corridos. Y de que Torrente, antes que un personaje, es un síntoma.
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