Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Superman”, película de James Gunn
-Tras incursionar en Marvel con la exitosa trilogía de Guardianes de la Galaxia entre 2014 y 2023, Gunn regresó a DC, donde había rodado Escuadrón Suicida (2021) y la serie Peacemaker, con este reboot de El Hombre de Acero que es también el punto de partida para desarrollar un nuevo universo de superhéroes de DC Studios, compañía de la que es copresidente y codirector ejecutivo.
-En Argentina se programaron preestrenos para el feriado del miércoles 9 de julio.
Superman (Estados Unidos/2025). Guion y dirección: James Gunn. Elenco: David Corenswet, Rachel Brosnahan, Nicholas Hoult, Edi Gathegi, Anthony Carrigan, Nathan Fillion, Isabela Merced, Skyler Gisondo, Sara Sampaio, Maria Gabriela de Faria, Wendell Pierce, Alan Tudyk, Pruitt Taylor Vince, Neva Howell. Fotografía: Henry Braham. Edición: William Hoy y Craig Alpert. Música: John Murphy y John Williams. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 129 minutos. Apta para mayores de 13 años.
La presión sobre James Gunn es doble: por un lado, como guionista, director y productor de Superman, debe recaudar como mínimo 700 millones de dólares para que esta producción que costó 225 millones y demandó otro tanto para su lanzamiento pase a ser rentable; por otro, como ejecutivo top de DC Studios, debe lograr que esta película sirva como trampolín, como impulso a la nueva ola de personajes de la factoría, varios de los cuales ya aparecen en esta aventura junto al Hombre de Acero y bajo el paraguas de The Justice Gang: Michael Holt / Mr. Terrific (Edi Gathegi), Hawkgirl (Isabela Merced), Rex Mason / Metamorfo (Anthony Carrigan) y el capitán Guy Gardner (Nathan Fillion), uno de los Linterna Verde.
La sensación general que deja esta Superman modelo 2025 es que semejante presión le jugó en contra al desenfado, el delirio, el humor negro que Gunn había conseguido con el tríptico de Guardianes de la Galaxia y varios de sus otros proyectos. La idea del reboot; es decir, de volver a lanzar (en este caso por enésima vez) a un personaje como el de Superman (ahora encarnado por David Corenswet) con su historia en Krypton como Kal-El, su alter ego cotidiano que es el periodista Clark Kent y la relación con su pareja y compañera en el diario Daily Planet Lois Lane (Rachel Brosnahan) corría el riesgo de agobiar con la sensación de “volver a empezar” y de “más de lo mismo”.
Si bien puede decirse que, tras las presentaciones de rigor, esta nueva versión adquiere vuelo propio (je), ninguno de los aspectos es particularmente disruptivo e innovador: las batallas contra criaturas gigantes y los duelos cuerpo a cuerpo tienen la espectacularidad y la estética que toda transposición del cómic necesita, pero -más allá de algunas buenas set pieces- el entramado dramático es bastante elemental: todo arranca con una inédita derrota de un Superman que es rescatado por su “súper” perro Krypton (intenta funcionar como comic relief pero su look digital tiene demasiado diseño vía IA como para resultar simpático y querible).
Más temprano que tarde aparecen algunas diferencias con Lois Lane y la figura del pelado Lex Luthor de Nicholas Hoult, bastante más cerebral que los habituales villanos de historieta, que ha estudiado de forma obsesiva cada movimiento y comportamiento de Superman con tal de predecir su accionar y superarlo en combate apelando a un enorme despliegue tecnológico.
Si a Luthor se le extraña cierta desmesura, la película en general carece de desparpajo y capacidad de provocación, quedándose siempre a mitad de camino, en una medianía creativa, narrativa y actoral. No es ni un film autoral y con ínfulas a-lo-Batman de Nolan ni un juego lúdico y paródico como Deadpool o Guardianes de la Galaxia. Gunn tenía que hacer olvidar de forma desesperada a la era de los Bryan Singer y los Zack Snyder, pero -más allá del obvio amor por la dupla Richard Donner-Christopher Reeve que se percibe desde el minuto uno- no construyó nada demasiado superador en su reemplazo.
Por último, los paralelismos y analogías políticas con la actualidad están a la orden del día (Luthor tiene algo de Elon Musk y en el presidente de Boravia que interpreta Zlatko Burić pueden verse rasgos autocráticos propios de un Vladimir Putin), pero tampoco en este terreno el análisis deriva en algo relevante. Lo mejor que puede decirse, entonces, es que Gunn cumple, que evita el naufragio, pero si alguien esperaba aspectos particularmente reveladores (hasta las dos escenas post-créditos son intrascendentes) la sensación final está más cerca de la decepción que de la sorpresa.
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