Críticas
Estreno en cines
Crítica de “El club de los vándalos” (“The Bikeriders”), película de Jeff Nichols con Austin Butler, Jodie Comer y Tom Hardy
El director de Shotgun Stories (2007), Atormentado / Take Shelter (2011), Mud (2012), Loving (2016) y Midnight Special (2016) regresó tras 7 años de ausencia con un film sobre el universo y la cultura de los motociclistas desde su auge en la década de 1960 hasta su decadencia a inicios de la de 1970. El estreno en los cines de Argentina se anuncia para el jueves 8 de agosto.
El club de los vándalos (The Bikeriders, Estados Unidos/2023). Dirección: Jeff Nichols. Elenco: Austin Butler, Jodie Comer, Tom Hardy, Michael Shannon, Mike Faist, Boyd Holbrook, Damon Herriman, Beau Knapp, Emory Cohen, Karl Glusman, Karl Glusman, Toby Wallace, Norman Reedus, Happy Anderson y Paul Sparks. Guion: Jeff Nichols, basado en el libro The Bikeriders, de Danny Lyon. Fotografía: Adam Stone. Edición: Julie Monroe. Música: David Wingo. Distribuidora: UIP (Universal). Duración: 116 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Siempre me interesó el cine de Jeff Nichols, pero de forma inesperada desapareció del mapa luego de las dos películas que estrenó en 2016. Su demorado regreso se produce con una película bastante extraña inspirada en The Bikeriders, libro de Danny Lyon publicado originalmente en 1968 que reunía fotografías en blanco y negro, entrevistas y diarios de viajes en los que el autor registró de primera mano las experiencias de los clubes de motociclistas de la zona de Chicago entre 1963 y 1967, en lo que se constituyó en un valioso exponente del denominado Nuevo Periodismo de aquella época en el que también brillaron Hunter S. Thompson, Joan Didion, Tom Wolfe y otras firmas legendarias.
Mike Faist (visto hace poco en Desafiantes / Challengers) interpreta al propio Lyon mientras acompaña, observa, encuadra y graba a los motoqueros de camperas de cuero sobre sus Harley-Davidson, pero también cuando se emborrachan en bares o se muelen a golpes con integrantes de bandas rivales o lugareños que los agreden.
La referencia de Busco mi destino / Easy Rider es tan obvia como inevitable, pero los personajes de Nichols también remiten al Francis Ford Coppola de Los marginados / The Outsiders (1983) y La ley de la calle / Rumble Fish (1983), al Marlon Brando de El salvaje / The Wild One (1953); a The Loveless (1981), de Kathryn Bigelow; y, en algún aspecto ya un poco más lateral, al Walter Hill de Los guerreros / The Warriors (1979); y a dos clásicos de clásicos: Buenos muchachos y El Padrino.
Dentro de una estructura bastante coral, el Lyon de Faist recoge el testimonio de Kathy (la inglesa Jodie Comer, la Villanelle de la serie Killing Eve, en una esforzada lucha contra el acento del Midwestern), único personaje femenino en un universo masculino (testosterónico, machista, misógino), que es la pareja de Benny (Austin Butler), un joven que se suma a Los Vándalos del título. Ese club a-la-Hell’s Angels es liderado por Johnny (Tom Hardy), quien está decidido a que Benny se convierta en su sucesor al frente de la pandilla.
Esa relación maestro-alumno y la historia de amor entre Kathy y Benny (en una típica estructura de melodrama él deberá elegir entre las exigencias de ella y las de la banda de motoqueros) son, en principio, los dos ejes principales de una película muy cuidada en su reconstrucción (la verosimilitud se confirma cuando durante los créditos de cierre aparecen las fotos originales del libro).
Sin embargo, yo vi El club de los vándalos como un film sobre el fin de una época de cierta romantización de la rebeldía, en la que a pesar de la violencia se respetaban ciertos códigos, y el advenimiento de una nueva en la que los motoqueros se convirtieron en delincuentes, narcotraficantes, proxenetas y asesinos a sueldo. Algo bastante similar a lo que ocurrió con nuestros barrabravas, cuando cambiaron los puños y las patadas por las armas de fuego y se aprovecharon de la pasión popular para concretar a pura extorsión y para beneficio propio muy rentables negocios.
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