Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Boda sangrienta 2” (“Ready or Not 2: Here I Come”), película de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett con Samara Weaving
Esta secuela del sorprendente éxito de 2019 tiene un despliegue de producción bastante mayor, pero a nivel creativo no alcanza los niveles del film original.
Boda sangrienta 2 (Ready or Not 2: Here I Come, Estados Unidos/2026). Dirección: Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Elenco: Samara Weaving, Kathryn Newton, Sarah Michelle Gellar, Shawn Hatosy, Néstor Carbonell, David Cronenberg y Elijah Wood. Guion : Guy Busick y R. Christopher Murphy. Fotografía: Brett Jutkiewicz. Edición: Jay Prychidny. Música: Sven Faulconer. Distribuidora: Disney (20th Century Studios). Duración: 108 minutos. Apta para mayores de 16 años.
En 2019 se estrenó una modesta producción de 6 millones de dólares de presupuesto titulada Ready or Not que recibió muy buenas críticas y recaudó en los cines de todo el mundo casi 58 millones (en la Argentina, donde se lanzó con bastante demora con el título de Boda sangrienta, convocó a 65.000 espectadores).
Fue tan positiva la respuesta que en todos los terrenos obtuvo aquella combinación entre gore y comedia negra que a los directores estadounidenses Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett los contrataron luego para filmar en 2022 y 2023 dos entregas de la franquicia Scream, pero las mayores expectativas estaban puestas en el regreso detrás de cámara con esta secuela protagonizada por la ascendente actriz australiana Samara Weaving (en el reciente Festival SXSW no solo se estrenó Boda sangrienta 2 sino también Over Your Dead Body, otra película que tiene como protagonista a la que muchos ven como una suerte de sucesora de Margot Robbie).
En el inicio de esta segunda entrega nos reencontramos con Grace MacCaullay (Weaving) allí donde finalizaba el primer largometraje: con una mansión en llamas, varios cadáveres y ella con el rostro y su vestido de casamiento ensangrentado, además de un disparo en una mano. De inmediato se desvanece y es llevada al hospital, donde luego se despertará para descubrir que la han esposado a la cama porque la consideran sospechosa de ser responsable de varias catástrofes y que al lugar ha llegado Faith (Kathryn Newton), su hermana a la que hace mucho tiempo no ve y con la que mantiene una mala relación. Pero, claro, cuando en las nuevas aventuras (desventuras) tengan que enfrentar múltiples persecuciones deberán sumar fuerzas y (re)descubrirán que son más las cosas que las unen.
No conviene adelantar demasiado de la trama (sí que al inicio aparece brevemente el gran David Cronenberg), pero hay una suerte de secta de alcance internacional que hará lo imposible para cazar a las hermanas MacCaullay primero en exteriores y luego en interiores con un esquema similar al del primer film, aunque aquí con un más generoso despliegue de recursos en todos los terrenos.
Qué sea “más grande y espectacular”, como promete la gacetilla de prensa, no significa en absoluto que Boda sangrienta 2 sea mejor que el largometraje de 2019. De hecho, sin ser nada malo, es claramente inferior, más mecánico, menos divertido. Quizá sea porque la fórmula se repite y, por lo tanto, el efecto ya no es el mismo, pero la secuela resulta bastante más obvia, aunque de todas formas bastante eficaz, en parte gracias a la buena química que se percibe entre Weaving y Newton.
Sí, hay unos cuantos gags de acción, de humor físico y verbal, de explosiones sangrientas y excesos gore con vísceras que vuelan por los aires y juegos de gato y ratón con un trasfondo macabro que cumplen con la esencia splatter de esta saga, pero Boda sangrienta 2 pierde en la comparación con su predecesora. No era fácil repetir los hallazgos de aquel absoluto delirio. El resultado, por lo tanto, es una secuela apenas correcta.
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