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Para Jeff Nichols, el sur también existe: crítica de “Mud”
El director de Shotgun Stories y Take Shelter ratifica en su tercer largometraje, Mud, que se trata de uno de los cineastas más talentosos de su generación. Un relato impiadoso y lírico a la vez del sur de los Estados Unidos para una historia de amores no correspondidos en la adolescencia y el fin de la inocencia, en la que se perciben huellas de Terrence Malick y de la literatura de Raymond Carver y Mark Twain.
Tras sus dos muy buenos primeros largometrajes (Shotgun Stories y Take Shelter), a Nichols se le abrieron las puertas de la sección principal de Cannes con Mud. Si bien los protagonistas reales son dos niños (excelentes trabajos de los muy expresivos Tye Sheridan y Jacob Lofland), también estuvieron ayer acompañando a este talentoso director de apenas 34 años dos figuras como Matthew McConaughey y Reese Witherspoon.
Nichols regresó a su Arkansas natal para narrar desde la perspectiva de dos chicos de 14 años una ambiciosa historia sobre amores no correspondidos, padres que se divorcian, mafiosos que intentan vengar un asesinato y un fugitivo que se refugia en una isla agreste del Mississippi, donde recibirá la ayuda de los dos pequeños héroes.
Con indudables influencias del cine de Terrence Malick (el uso de la steadycam para mostrar la naturaleza salvaje del lugar es prodigioso) y de la literatura de Raymond Carver y Mark Twain, Mud es un film que se abre a múltiples ramificaciones (desde la narración cruda, tensa y realista ligada al thriller hasta una mirada más lírica, casi propia de un cuento de hadas, sobre el despertar sexual, la amistad adolescente y el fin de la inocencia, pasando por la descripción de la dinámica pueblerina en el sur de los Estados Unidos) y, en general, termina funcionando bien en casi todos los terrenos.
El sur de los Estados Unidos no suele estar muy presente en el cine norteamericano y, cuando aparece, es trabajado con no pocos estereotipos y pintoresquismos. Nichols lo retrata con conocimiento y convicción. Otro gran trabajo de un director que ya dejó de ser promesa para convertirse en realidad. Con tres películas notables, ya estamos en presencia de un talento consumado.
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FESTIVALES ANTERIORES
Tras su elogiada ópera prima Taste, ganadora del Premio Especial del Jurado en la sección Encounters del Festival de Berlín 2021, el director vietnamita accedió a la máxima sección de la muestra suiza con otro bello y sugerente ejercicio de slow cinema.
-Reconocida fotógrafa, la argentina Alessandra Sanguinetti debuta en el largometraje con este notable registro de la vida de dos primas y compinches -primero como niñas, luego de adolescentes y finalmente siendo adultas- que filmó durante 25 años.
-El film se exhibirá luego en la competencias Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.
El prolífico e inclasificable director canadiense de films como Les états nordiques (2005), Nos vies privées (2007), Curling (2010), Vic + Flo ont vu un ours (2013), Que ta joie demeure (2014), Boris sans Béatrice (2014), Ta peau si lisse (2017), Répertoire des villes disparues (2019), Hygiène sociale (2021), Un été comme ça (2022), Mademoiselle Kenopsia (2023) y Paul (2025) regresó a la muestra suiza con otra de sus provocadoras e incómodas apuestas.
Tras varios premiados cortos como Wekwaind (2018), Resonancias (2019), Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad (2022) y Quisiera no sentir todo este ruido (2025), la argentina Lucila Mariani debuta en el largometaje con un coming of age que sorprende con una vuelta de tuerca fantástica.
