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FICValdivia 2026: Amplia presencia del cine argentino en la Sección Oficial
La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti; y Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein, participarán en la Competencia Oficial, mientras que Handy Girl, de Inés Urdinez, lo hará en la de Largometrajes Juveniles; y La hora de irse, de Renzo Cozza, en la de Cortometrajes Latinoamericanos.
El 33° Festival Internacional de Cine de Valdivia presenta su Selección Oficial 2026, que reúne películas de distintos países y propuestas que abordan la memoria, la identidad, los afectos y las transformaciones sociales, desde el documental, la ficción y la experimentación audiovisual. La nueva edición, que se realizará del 12 al 18 de octubre, y traerá más de 200 películas, anuncia además sus películas de Apertura, Central y Clausura, junto con las distintas competencias que serán parte del festival.
La película que dará inicio al festival será An Incomplete Calendar, de la cineasta y artista visual iraní Sanaz Sohrabi, una obra que reconstruye la historia de la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los complejos procesos de descolonización que han marcado a sus países miembros. A través de archivos televisivos, registros caseros, diseños postales, fotografías y discursos, Sohrabi construye un ensayo visual sobre colonialismo, identidad y soberanía, que adquiere especial urgencia frente a la contingencia política internacional.
Como Film Central se presentará What Can't Be Mentioned, del estadounidense Dan Sallitt, cineasta invitado a FICValdivia en 2019, quien retoma en esta nueva película a Jackie, protagonista de The Unspeakable Act, ahora cercana a los treinta años y enfrentada a nuevas circunstancias que vuelven a poner en tensión sus vínculos afectivos y familiares.
El Film de Clausura será Motel Paraíso, primer largometraje del mexicano José Eduardo Castilla Ponce, quien anteriormente participó en FICValdivia con los cortometrajes Aguacuario y Levantamuertos. La película retrata al abuelo del director, dueño de un pequeño motel en Veracruz, utilizando la misma cámara de video con la que él registraba a Ponce durante su infancia. A partir de este vínculo afectivo, el documental se acerca a la vida cotidiana del personaje y combina registros familiares con situaciones ficcionadas y códigos de géneros cinematográficos como el western y el cine negro.
Junto a estas tres películas, la Selección Oficial Largometraje reúne 12 obras provenientes de distintos países, incluyendo cuatro producciones chilenas: Lo que nos une, de Nicolás Guzmán; Los niños sin tierra, de René Ballesteros; No Money No Honey, de Nicole Costa, e Hijas únikas, de Alba Gaviraghi. Las ocho producciones internacionales en competencia son: El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti; Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi; London, de Sebastian Brameshuber; Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein; Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira; Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen, y Tycoon, de Charlotte Zhang.
A esta competencia se suman las selecciones oficiales de Largometraje Juvenil, Cortometraje de Latinoamérica y el Caribe, Cortometraje Infantil de Latinoamérica y el Caribe y Cortometraje Chileno de Estudiantes de Cine y Audiovisual, ampliando el panorama de la 33ª edición con nuevas voces y propuestas provenientes de América Latina, Europa, Asia y África.
FILM DE APERTURA
An Incomplete Calendar, de Sanaz Sohrabi. Canadá, Irán, Turquía, Venezuela. 2026. 77’.
La contingencia generada por la política exterior estadounidense hace particularmente urgente la exhibición del nuevo trabajo de la cineasta y artista visual iraní Sanaz Sohrabi (Teherán, 1988), actualmente residente en Canadá, quien desde 2017 ha desarrollado una profunda investigación visual centrada en las operaciones coloniales articuladas en torno a la industria del petróleo.
An incomplete calendar es su obra audiovisual más reciente surgida de esta búsqueda. En ella, la cineasta construye un itinerario histórico en torno a la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y a las naciones que, tras sus complejos procesos de descolonización, han visto asediada su soberanía por Europa y Estados Unidos. El film será estrenado como Film de Apertura en el 33° Festival de Cine de Valdivia, ocasión para la cual la directora viajará especialmente a Chile como invitada por el certamen para presentar su trabajo.
La propuesta de Sohrabi busca emprender una recuperación cultural que permita comprender las semejanzas en los procesos experimentados por los países miembros de la OPEP -incluido Venezuela-, rescatando a su vez sus identidades específicas. Con ese propósito, el filme se inicia con un registro audiovisual realizado en 1980 por el Coro y la Orquesta de la Universidad Central de Venezuela, interpretación de la canción popular árabe Oh, caminante, cuéntame, en conmemoración de los 20 años de la fundación formal de la OPEP.
De este modo, el relato se articula a partir de un abundante material visual con el que Sohrabi conforma un collage de registros televisivos, diseños postales e imágenes caseras. Este ensamblaje enfatiza no sólo la perspectiva institucional de los países involucrados, sino también una marcada inclinación hacia la dimensión estética.
A través de la superposición incesante de sobres, tarjetas y estampillas, emerge la dimensión individual que atestigua una comunicación trunca propiciada desde Occidente: un proceso de construcción identitaria incompleta que necesita ser relatado continuamente. Esta insistencia se acentúa mediante el juego de texturas, figuras, motivos gráficos y conceptos que recorren la película, así como mediante el uso de la música, las voces de sus líderes y testimonios en off que funcionan como una capa de información y contexto histórico.
Con todos esos elementos, el film explora las diversas facetas en la que se manifiesta el colonialismo y que explican, desde el presente, las complejas vicisitudes que tanto Venezuela como Medio Oriente han arrastrado durante décadas. En cierto modo, An incomplete calendar constituye un ejercicio de soberanía que se plasma tanto en la solemnidad con que incorpora los discursos oficiales, como en el riguroso cuidado con el que examina la estética institucional reflejada en la iconografía postal que recorre la obra.
FILM CENTRAL
What Can´t be Mentioned, de Dan Sallitt. Estados Unidos. 2026. 61’.
El estadounidense Dan Sallitt (Pennsylvania, 1955) fue cineasta invitado en la edición 2019 de FICValdivia, oportunidad en la que se presentó prácticamente toda su filmografía, incluido su cortometraje Caterina (2019), centrado en la inserción de una mujer latina en una comunidad estadounidense. Sallit ha indagado con agudeza y precisión observacional en las patologías cotidianas asociadas a los lazos afectivas -sea entre parejas, familiares o amigos-, tal como lo atestiguan sus producciones previas Honeymoon (1998), All the Ship at the Sea (2004), The Unspeakable Act (2012) y Fourteen (2019). Las suyas son exploraciones sobre una zona frágil e íntima donde se evidencia una fractura emocional soterrada en el ámbito de los afectos, en la que el amor linda con la dependencia, la fascinación y el control. Específicamente en The Unspeakable Act, el realizador aborda la incontrolable atracción erótica de Jackie, una joven de 17 años, hacía su hermano, manifiesto en los celos que emergen cuando este inicia una relación de pareja y prepara su partida a la universidad.
What Can't be Mentioned (2026) constituye su primer largometraje en siete años -intervalo habitual en la pausa creativa que el autor suele tomarse entre proyectos-, y funciona, a su vez, como secuela de aquella obra de 2012. En el tiempo transcurrido, Jackie roza los treinta años y ha procurado consolidar una existencia autónoma. Algunas cosas han cambiado: actualmente se forma como asistente social y mantiene una relación de pareja marcada por una insatisfacción sexual latente. Sin embargo, la fijación hacia su hermano permanece inalterada y el nuevo elemento detonante será el embarazo de la pareja de este. Si en The Unspeakable Act, la protagonista utilizaba su entorno adolescente como refugio de sesgo regresivo para contener su impulso incestuoso, en esta oportunidad dicha coartada ya no existe.
FILM DE CLAUSURA
Motel Paraíso, de José Eduardo Castilla Ponce. Clausura. México. 2026. 89’.
En la Selección Oficial Cortometraje Infantil Latinoamericano del 31° FICValdivia, el joven realizador mexicano José Eduardo Castilla Ponce estrenó Aguacuario (2023), la historia de un niño de diez años dividido entre cumplir su rutina cargando bidones de agua en un triciclo o dejarse llevar por una inesperada aventura afectiva. En su segundo corto, Levantamuertos (2025), el director dio un giro hacia un relato que cruzaba cultura popular, música campesina y cine de zombies.
Todos estos elementos convergen en Motel Paraíso, su primer largometraje documental. La obra se configura como un retrato y homenaje al abuelo del realizador -propietario de un pequeño motel en la ciudad de Veracruz-, a quien registra con la misma cámara de video con la que él lo filmaba durante su infancia. Esta suerte de retribución y vínculo afectivo mediado por la cámara permite que el film, además de recorrer la épica cotidiana del protagonista y la historia de su negocio, se adentre en la docuficción para recrear las vivencias del abuelo y su esposa apelando a los códigos de géneros cinematográficos como el western o el cine negro.
Motel Paraíso posee la libertad expresiva propia de las primeras películas, donde el juego cinéfilo construye un universo que dialoga con la calidez y singularidad del personaje retratado. En este sentido, el empleo del registro casero y las situaciones ficcionadas a las que Castilla Ponce convoca a sus abuelos remite también a la aproximación lúdica con la que la infancia aborda la creación audiovisual: desde el placer, la diversión y el juego, tal como lo anticiparon sus dos cortometrajes previos.
SELECCIÓN OFICIAL LARGOMETRAJE
Lo que nos une, de Nicolás Guzmán, es una aproximación al melodrama con varios trasfondos. Su marco de ficción principal es la historia de una mujer adulta a quien el amor por su sobrino de once años la induce irremediablemente al secuestro, lo que genera un revuelo mediático y judicial. El filme construye esta historia a partir de distintas narrativas y estéticas: primero, desde la escenificación de un programa de telerrealidad que relata el caso; luego, con los testimonios rescatados por un cineasta que busca llevar ese hecho a un drama de ficción; y, finalmente la filmación de esa misma película.
Si bien Lo que nos une observa y enfrenta en principio ciertas formas de creación documental, este es solo el primer nivel de sus indagaciones. Como en las obras anteriores de Guzmán -Víctima potencial y también en Me gustaría que vivieras mi juventud de nuevo-, el intercambio de roles y de espacios resulta clave. Desde esa zona primaria de búsqueda e investigación, el filme se despliega en distintas direcciones, logrando que los formatos dialoguen y se traslapen entre sí, al tiempo que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven difusas.
Los niños sin tierra, es el nuevo largometraje del documentalista René Ballesteros, cineasta radicado en Francia cuyo trabajo anterior, Los sueños del castillo (2018), obtuvo el premio a la Mejor Película en la competencia Largometraje Chileno en el 25° FICValdivia. Esta obra, al igual que su film previo La quemadura (2010), aborda las circunstancias relacionadas con el abandono infantil -de manera explícita en la primera y más sutil en la segunda-. En su nueva película, Ballesteros sigue la pista de dos adultos en Francia y Suecia que, por un hecho azaroso, inician la búsqueda de sus madres biológicas: mujeres chilenas víctimas de adopciones ilegales.
Sus experiencias se suman a las de miles de niños que fueron sacados del país entre 1960 y 1990. Sin embargo, en este filme la intención de Ballesteros no es sintetizar las consecuencias de esa práctica, sino indagar en las heridas individuales de ese proceso -tanto en los hijos como en sus madres- para reflexionar sobre la identidad y las cuentas pendientes con el pasado. Los niños sin tierra se estrenó mundialmente en la competencia del 48° Festival Cinéma du Réel.
En No money No Honey, Nicole Costa rescata y actualiza la vida de Máxima Mauricio, una trabajadora sexual argentina que se instaló en Miami a fines de los 90 y que ahora, desde Nueva York, intenta vincularse con la comunidad trans en medio de la precariedad económica y la soledad alcoholizada en la que sobrevive. Intercalando grabaciones en VHS con registros actuales de su protagonista, el film profundiza en la indagación sobre la identidad cultural a partir de las relaciones entre Estados Unidos y los modos de ser latinoamericanos - un eje que Costa ya había abordado en su largometraje anterior, El viaje de Monalisa, estrenado en el 26° FICValdivia-. En este caso, el documental se organiza como un doloroso viaje al pasado de su protagonista -almacenado en un puñado de cintas de vídeo-, narrado en primera persona a modo de diario testimonial. En la lógica del filme, ese retorno es también un reencuentro con su antigua troupe en Miami; desde ese punto de vista, el itinerario recorrido no es solo individual -donde resulta particularmente íntimo y descarnado-, sino también colectivo. A pesar del permanente juego entre el pasado y presente, la película en ningún caso adopta una perspectiva pesimista; por el contrario, la dignidad de su personaje prevalece, incluso en el viaje hacia la infancia de Máxima que emerge en los tramos finales del relato.
En Hijas únikas, el primer largometraje de Alba Gaviraghi, la narrativa se desplaza desde lo contingente hacia lo social, sin que esto último funcione como un mero marco de referencia para insertar la intimidad ligada a la búsqueda del padre. El film se ambienta durante las protestas secundarias de 2006, un contexto que parece invisibilizar la situación de Antonia, una joven estudiante de enseñanza media decidida a retomar el contacto con su padre -de quien no sabe absolutamente nada- para que la autorice a viajar a Argentina en su gira de estudios.
Inscrito en el coming of age como género formal, el film toma como base las experiencias de adolescencia de la directora. Por ello, su aproximación es íntima y, a la vez, generacional: la música, las tribus urbanas, los códigos y las formas de vincularse se despliegan a la par de las motivaciones de la protagonista. Desde ese territorio surge la conciencia de autonomía que impulsa a Antonia a emprender por su cuenta la búsqueda de su progenitor, en paralelo a su participación en las protestas estudiantiles contra un Estado que en gran medida, también la ha dejado huérfana.
El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel, es un relato coral construido mayoritariamente por las voces del pasado: testimonios que aún resuenan en la memoria y que constituyen un territorio abierto y cambiante. Su director, Deimer Quinterio, participó anteriormente en FICValdivia con el cortometraje Tú me hiciste ver el cielo y posteriormente en la Selección Oficial Largometraje Juvenil de 2025 con su primer largo, Dos veces bestia.
En esta nueva película, el realizador retoma la confluencia entre lo sobrenatural y lo documental presente en su obra anterior; sin embargo, mientras que en aquella cinta el territorio estaba configurado por el musgo, la humedad y la vegetación boscosa, aquí son los registros caseros y las fotografías familiares el escenario primordial donde la concreción del archivo y del testimonio se funde con lo fantasmal.
La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti. Estrenado en el Festival Internacional de Cine de Locarno -donde obtuvo el Leopardo de Oro de la competencia Cineasti del Presente y el de Mejor Ópera Prima-, este film de la fotógrafa argentina Alessandra Sanguinetti es un meticuloso trabajo documental que rastrea, desde 1999 hasta 2025, la vida de dos primas cuya infancia rural las volvió inseparables.
Mediante amplias elipsis temporales, el relato retrata a los personajes a partir de los diez años, en un entorno campestre habitado por animales, en el que ambas niñas, junto a su abuela, parecen integrarse de manera armónica. En el tránsito hacia la adolescencia y, posteriormente a la adultez y la maternidad, se evidencia la pérdida de la inocencia y una domesticación inevitable impulsada por el traslado del campo a la ciudad, el cual supone además un abandono irrecuperable. Lo que Sanguinetti registra es la inevitabilidad del tiempo, en un propósito afín al del realizador británico Michael Apted en su emblemática saga documental Up!, donde regresaba cada siete años para registrar a un grupo de personas cuyo seguimiento inició en 1964 y concluyó en 2019.
Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi. A medio camino entre el documental etnográfico y la indagación experimental, este trabajo de la realizadora sudafricana Nolitha Refilwe Mkulisi se sitúa en el pueblo de Tapoleng, en la provincia del Cabo Oriental de Sudáfrica - lugar donde creció la directora-. Se trata de una zona conocida por su alta concentración de iglesias derivadas de la labor misionera cristiana y convertida, por esa misma razón, en un territorio olvidado en la era post-apartheid.
El film acompaña a los habitantes del pueblo -que actualmente no superan las 500 personas-, en su esfuerzo por redefinir su espiritualidad, integrando el culto ancestral y la ferviente influencia occidental con las tradiciones cotidianas. Let Them Be Seen articula su observación en el límite entre el documental y la ficción, apoyándose en un tratamiento visual altamente sugerente que transita por múltiples texturas y soportes fílmicos.
London, de Sebastián Brameshuber. El nuevo documental del austríaco Sebastian Brameshuber aborda nuevamente las dinámicas del automóvil y la movilidad, en continuidad con su obra anterior, Movements of a Nearby Mountain (2019) -película ambientada en una zona minera bajo los Alpes austriacos, donde un inmigrante nigeriano desarmaba vehículos antiguos para revender sus piezas-. En aquél filme, la inmovilidad y el desuso funcionaban como metáforas de las lógicas deshumanizantes de la economía globalizada, un trasfondo crítico que reaparece en London, largometraje ganador de la Competencia Internacional en Cinéma du Réel 2026.
La película invierte la puesta en escena de su trabajo previo para enfocarse en el viaje, la carretera y las identidades trazadas por el tránsito constante. El personaje central es Bobby, un hombre de unos cincuenta años que recorre la ruta entre Viena y Salzburgo a bordo de un Range Rover, recogiendo a viajeros en el camino. A través de estos pasajeros -interpretados por actores no profesionales-, el film despliega extensas conversaciones en las que se trasluce el complejo panorama político de la Europa contemporánea.
Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein. La realización de este film estuvo precedida por un hallazgo formidable: la aparición, en la Universidad de Córdoba, de decenas de latas con películas de estudiantes de cine realizadas durante los años sesenta y setenta, las cuales se creían destruidas durante la dictadura militar. La relectura de ese archivo constituye el corazón de esta película, la cual organiza con libertad un abundante material de filmaciones sobre marchas, manifestaciones políticas y represión realizadas por tres estudiantes de la época.
El documental funciona, en gran medida, como el testimonio de una generación de jóvenes aniquilada por el régimen militar. A partir de estas imágenes, el director Santiago Sein fabula la existencia de una mítica película perdida del cine político latinoamericano, convirtiendo este relato en el dispositivo central de su obra.
Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira. Entre la fábula, el ejercicio cinéfilo y un conjunto de historias de amor desbocado, Sabes de mim, agora esqueça constituye la ópera prima de Denise Vieira, cineasta brasileña que dio paso hacia la realización desde tras desempeñarse en la dirección de arte de una veintena de largometrajes -entre ellos Mato seco en Llamas, el impactante film de Joana Pimenta y Adirley Queirós que inauguró la 29ª edición de FICValdivia-.
La atmósfera recargada y distópica de aquel film resuena en esta nueva incursión de Vieira, ambientada en un burdel llamado La Tuca que sirve de refugio para mujeres fugitivas. A este lugar -un oasis en medio de un entorno hostil- llega Rubia, una mujer que pronto se integra a la comunidad y se convierte en el eje de la mirada que articula las intimidades y relatos de las trabajadoras sexuales, historias que solo logran florecer en un espacio de protecciòn como este.
La puesta en escena de Denise Vieira es estilizada y a la vez minimalista, permitiendo que esta ficción desbordada mantenga evidente zonas de contacto con el Brasil contemporáneo. Sabes de mim, agora esqueça celebró su estreno internacional en FIDMarseille 2026, donde fue galardonada con el premio a la Mejor Ópera Prima.
Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen. Con Casanovagen -presente en la Selección Oficial Largometraje Internacional en el 25° FICValdivia- y Elle -cortometraje de la sección Nuevos Caminos del 28° FICValdivia-, se dio a conocer un cineasta capaz de subvertir los parámetros del realismo.
En Tomorrow a Long Time Ago, su mirada se enfoca en una anciana que, en 1990 -en pleno proceso de reunificación alemana-, sufre dos pérdidas consecutivas que alteran su vida: primero su empleo y, poco después, a su amiga de toda la vida. Esta doble enajenación desencadena una profunda crisis vital que la lleva inicialmente a una acumulación compulsiva de objetos y, posteriormente, a buscar el aislamiento y el refugio en la naturaleza.
Tycoon, de Charlotte Zhang. Transcurre en Los Ángeles en 2028, a las puertas de los Juegos Olímpicos, bajo un clima abiertamente distópico: un virus ha aniquilado la producción de carne de granja y las cucarachas, modificadas genéticamente, se han convertido en su principal sustituto. En este escenario degradado, un grupo de jóvenes urde un plan para vengarse de una sociedad que aborrecen.
L
a directora estadounidense de origen canadiense Charlotte Zhang reincide en el abordaje de la criminalidad como un estado complementario a la evolución del capitalismo, tal como lo hizo en su ópera prima, Gangsterism (2025). En ambas obras, el tono paródico permite leerlas como una respuesta al cine policial estadounidense de los años setenta, así como un retrato sobre la inserción de las comunidades latinas y asiáticas que examina. Adicionalmente, Tycoon se impregna de la estética del cine amateur al ser filmada con diversos formatos de cámara en mano, transformando la propuesta en una experiencia espontánea, vertiginosa y de alta energía.
Lo que nos une, de Nicolás Guzmán. Chile. 2026. 72 minutos. DCP.
Los niños sin tierra, de René Ballesteros. Francia, Chile. 2026. 97 minutos. DCP.
No Money No Honey, de Nicole Costa. Estados Unidos, Chile. 84 minutos. DCP.
Hijas únikas, de Alba Gaviraghi. Chile, México, Alemania, Argentina. 2026. 90 minutos. DCP.
El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel. Colombia. 2026. 92’. DCP.
La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti. Argentina, Estados Unidos. 2026. 94’. DCP.
Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi. Sudáfrica, Alemania. 2026. 75’. DCP.
London, de Sebastian Brameshuber. Austria. 2026. 120’. DCP.
Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein. Argentina. 2026. 146’. DCP.
Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira. Brasil. 2026. 96’. DCP.
Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen. Alemania. 2026. 90’. DCP.
Tycoon, de Charlotte Zhang. Canadá, Estados Unidos. 2026. 89’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL LARGOMETRAJE JUVENIL
Chicas tristes, de Fernanda Tovar. México, España, Francia. 2026. 90’. DCP.
Handy Girl, de Inés Urdinez. Argentina. 2026. 60’. DCP.
I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore, de Ka Ki Wong. Hong Kong, Taiwán, Reino Unido, Turquía. 2026. 86’. DCP.
Inoue!, de Daichi Suzuki. Japón. 2025. 54’. DCP.
Nuestro cuerpo es una estrella que se expande, de Semillites Hernández Velasco, Tania Hernández Velasco. México. 2025. 84’. DCP.
Nunkui, de Verenice Benítez. Ecuador, Chile, Alemania. 2026. 91’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE
Día de sacrificio, de Benjamín Leiter y Carolina Gutiérrez. Chile. 2026. 20’. DCP.
Partículas inconmensurables, de Francisco Rojas. Chile. 2026. 10’. DCP.
Toda la quietud posible, de Manuel Vlastelica. Chile. 2026. 18’. DCP.
Una fortaleza, de Alba Gaviraghi. Chile. 2026. 14’. DCP.
Banano, banano, de Manuel Z. Monterroso. Guatemala. 2026. 13’. DCP.
Filhos da cana, de Cecília Coêlho. Brasil. 2026. 22’. DCP.
Futuros luminosos, de Ismael García Ramírez. Colombia. 2026. 25’. DCP.
Gestos para romper una imagen, de Mayra Villavicencio Príncipe. Perú. 2026. 15’. DCP.
Isla flotante, de Jezabeth Roca Gonzalez. Puerto Rico, Estados Unidos. 2026. 5’. DCP.
La hora de irse, de Renzo Cozza. Argentina. 2026. 20’. DCP.
Lima, de Biviana Chauchi. Perú, España. 2025. 4’. DCP.
Uma fonte, de Raffaella Rosset. Brasil. 2026. 11’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE INFANTIL DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE
¿A dónde se fue el jambato?, de Antonia Pérez Wagner. Chile, Reino Unido. 2025. 3’. DCP.
La niña que quería ser piedra, de Jackson Abacatu. Brasil. 2026. 9’. DCP.
El día que aprendí a volar, de Orlymar Paredes Morales. Venezuela. 2026. 8’. DCP.
Kintsugi, de Rodolfo Aguilar Strecke. México, Inglaterra. 2026. 20’. DCP.
¿Para qué sirven las cosas?, de Thais Fernandes, Tainah Dadda. Brasil. 2025. 16’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE CHILENO DE ESTUDIANTES DE CINE Y AUDIOVISUAL
Caerá el Morro y marcharán sus hijos, de Oscar Marín Sepúlveda. Chile. 2026. 13 minutos. DCP.
Casa propia, de Alejandra Bravo, Conam Calderón, María José Rojas. Chile. 2026. 14 minutos. DCP.
Cómo cortarse el pelo, de Sonio Leonelli. Chile. 2026. 10 minutos. DCP.
Donde anida la lluvia, de Ignacio Durán Vidal. Chile. 2026. 20 minutos. DCP.
Mañana vendrá el silencio, de Matía Lorenzo. Chile. 2026. 17 minutos. DCP.
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