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Festival de San Sebastián 2026: Crítica de “NAZA”, película de Yuval Abraham y Rachel Szor (Perlak)
-Luego de impactar en la Mostra de Venecia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, se exhibió en San Sebastián este film de dos de los directores ganadores del Oscar por No Other Land (2024), que describe de forma descarnada las atrocidades cometidas por el ejército israelí en Gaza.
-En las últimas horas se informó que el documental llegará a cines de 56 países a partir del 28 de septiembre y luego estará disponible de forma gratuita para todo el mundo, probablemente desde noviembre próximo, en el sitio web del diario inglés The Guardian, coproductor del largometraje.
NAZA (Reino Unido/2026). Dirección: Yuval Abraham y Rachel Szor. Fotografía: Rachel Szor. Edición: Yuval Abraham y Rachel Szor. Sonido: Lars Ginzel, Benjamin Hörbe y Rob Farr. Duración: 80 minutos.
Presentada hace menos de un mes en el Festival de Venecia, y ahora en el de San Sebastián tras varias idas y venidas respecto de qué día y cómo se iba a proyectar, se podría decir de NAZA que trasciende lo cinematográfico. Sí, es así en tanto que la película evidencia las atrocidades cometidas por el ejército israelí sobre Gaza a partir de una serie de entrevistas con oficiales de los servicios de inteligencia.
Ahora bien, el film, con producción de Jonathan Glazer y The Guardian, trasciende lo cinematográfico, pero se fundamenta precisamente en la puesta en escena, en la reflexión sobre las imágenes en un contexto en que esta cuestión resulta sumamente central ¿Cómo representar lo irrepresentable? ¿Cómo aproximarse, desde lo cinematográfico, al horror, y a un horror que no está atravesado por la distancia del pasado, sino que es del aquí y el ahora?
Los directores israelíes Yuval Abraham and Rachel Szor, que formaron parte del equipo responsable de No Other Land, toman una serie de decisiones que dignifican la película y acentúan su discurso político. Algunas son por necesidad, como la de dejar, por razones de seguridad, en la sombra de la noche los rostros de los entrevistados. Y otras son sumamente conscientes, como la de acompañar las entrevistas con planos de una Tel Aviv nocturna, con los apartamentos iluminados por televisores, con edificios a medio construir mientras los oficiales explican cómo han destruido sistemáticamente Gaza; o como la de pedir a esos mismos agentes que dibujen, en un papel, los mapas de aquello que están contando.
Lo que narran es el horror, la aniquilación de todo un pueblo. Así, hacia el comienzo de la película, uno de los entrevistados explica qué es el término “naza”: son las víctimas colaterales. A partir de aquí, se comienza a desplegar la escalada que va desde 2023 hasta 2025. Mediante palabras, bocetos y material de archivo, NAZA pone en evidencia el asesinato de niños, de familias enteras, de centenares de personas; así como la destrucción por completo de la ciudad, para que no tengan que volver. Se vuelve a explicar cómo se quiso usar el hambre como arma de guerra. Es el retrato de una deshumanización: de aquellas personas que, sabiendo qué hacen, siguen haciéndolo.
Resulta fundamental cómo la película se vincula con la historia, mediante el material de archivo que rememora cómo Tel Aviv se construyó sobre el desierto y tras la expulsión de la población árabe; o mediante un plano de la Filmoteca israelí, en el que se ve un pequeño homenaje a Claude Lanzmann; o mediante las declaraciones de uno de los entrevistados, que llega a afirmar que ahora entiende a los alemanes.
El mismo día de la proyección de NAZA en San Sebastián, Albertina Carri ofrecía una performance en la que ella leía fragmentos de su libro Cine vivo, acompañada de música electrónica en vivo. En un momento, se escuchó: "las imágenes no destruyen el mundo, pero la producción de imágenes, sí". Carri expresaba esto a partir de ideas de Aby Warbourg, de Harun Farocki, de Georges Didi-Huberman y de Jean-Luc Godard. Esta cuestión es, por otro lado, central en NAZA, en la que se pone en evidencia un genocidio llevado a cabo mediante el uso de las nuevas tecnologías: es la IA la que elige los objetivos, son los drones los que graban las imágenes de los cuerpos.
Elias Sanbar, que colaboró con Jean-Luc Godard, es autor de un libro que fue fundamental para el cineasta francés. Se titulaba Les palestiniens: la photographie d'une terre et de son peuple de 1839 à nos jours, en el que se reflexiona sobre Palestina como un "pueblo sin imágenes". Viene a decir que ha habido una intención de eliminar ciertas imágenes.
Este proceso no es nuevo, sino que es habitual en estados fascistas, en los sistemas represivos. De ahí que el final de NAZA sea sumamente pertinente: cuando después de escuchar a los verdugos, de ver los bocetos, de contemplar Tel Aviv, la película pasa al formato vertical del teléfono celular y muestra los escombros de Gaza, a su gente entre llantos y a los cuerpos bajo las ruinas. Ante la deshumanización de las nuevas tecnologías, tras el tono incisivo de una puesta en escena cercana al ejercicio forense, llega la realidad de las imágenes que sí que están.
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