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CANNES 78
Festival de Cannes 2025: crítica de “Yes”, película del israelí Nadav Lapid (Quincena de Cineastas)
El realizador de La maestra de jardín (2014), Sinónimos: Un Israelí en París (2019) y Ahed's Knee (2021) presentó una sátira visceral y desaforada sobre estos tiempos violentos en su país y en el mundo
Yes (Israel, 2025). Guion y dirección: Nadav Lapid. Fotografía: Shai Goldman. Edición: Nili Feller. Elenco: Ariel Bronz, Efrat Dor, Naama Preis, Alexey Serebryakov, Sharon Alexander, Pablo Pillaud Vivien, Idit Teperson y Shira Shais. Duración: 149 minutos. Estreno mundial en la sección Quincena de Cineastas.
Yes está tan llena de ideas (visuales, narrativas, actorales, musicales, pero también intelectuales, ideológicas, políticas) y es tan potente a la hora de exponerlas que estamos probablemente ante la película más provocadora, perturbadora e incómoda de la cosecha 2025 del festival. Solo hay una manera de entender por qué no fue programada en la sección oficial: temor. Está claro que en Competencia Oficial (donde hay mucha mayor cobertura que en una sección paralela como la Quincena de Cineastas) habría generado resquemores, cuestionamientos, enojos, controversias ¿Pero no es ese el sentido y el objetivo final de un festival como Cannes? Dicho eso, bien por el equipo de la Quinzaine que tuvo la valentía de darle un espacio que otros le negaron.
El nuevo delirio de Lapid tiene como protagonistas a Y ((Ariel Bronz), un talentoso músico y compositor casado con una bailarina y profesora de hip hop llamada Yasmine (Efrat Dor), quienes viven con su bebé de un año en la ciudad de Tel Aviv. Los dos son jóvenes, bellos, llenos de energía y de talento, pero se ganan la vida animando fiestas con descontroladas performances y eróticas coreografías, y en muchos casos terminan vendiendo sus cuerpos a exponentes la élite local. En sus primeros minutos, con la exposición de los excesos de una clase alta (mandos militares incluidos que viven entonando consignas patrioteras y violentas), el film remite a la mirada sobre las degradaciones de los ricos, poderosos y famosos en el cine de Paolo Sorrentino, pero la cosa se va poniendo cada vez más densa.
Lapid escribió el guion poco después de los hechos del 7 de octubre de 2023 y una historia suya -se trata de uno de los más contundentes críticos del gobierno israelí- que tiene que lidiar con estos tiempos no iba a ser cuidada, austera ni contenida.
El protagonista, hermoso y seductor por fuera, pero cada vez más cínico, negador, siniestro y amoral por dentro, viaja en determinado momento con Yasmine a una zona cercana a la Franja de Gaza desde donde se aprecia el humo de los edificios en llamas luego de los bombardeos. Sin embargo, cuando acepta el encargo de componer una balada zionista pagada por un oligarca ruso (Alexey Serebryakov, visto en Anora), queda claro que está vendiendo su alma al diablo.
No todo funciona en este torbellino, esta acumulación, este festín orgiástico, este vómito político, pero era imposible que así fuera en un musical exuberante y desmesurado (dura dos horas y media) que es como un flujo de conciencia y una sátira catártica. En todo caso, en medio de los caprichos, arbitrariedades, confusiones y excesos que puedan cuestionársele a Lapid, se agradece que un artista como él siga haciendo películas que se salen de los moldes, de los cánones, de los lugares más previsibles de la corrección política y la intelectualidad bienpensante a la hora de afrontar el horror que arrecia en un país como Israel.
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