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Festival de Cannes 2025: crítica de “Enzo”, una película de Laurent Cantet dirigida por Robin Campillo (Quincena de Cineastas)

La Quinzaine abrió con un film que el creador de Recursos humanos, El empleo del tiempo, Entre los muros, La clase y El atelier no llegó a concretar antes de su muerte en 2024 y que su histórico colaborador Robin Campillo finalmente hizo realidad.

Publicada el 14/05/2025

Enzo (Francia, Bélgica, Italia/2025). Dirección y edición: Robin Campillo (sobre un proyecto de Laurent Cantet). Elenco: Eloy Pohu, Pierfrancesco Favino, Elodie Bouchez, Maksym Slivinskyi, Nathan Japy, Vladyslav Holyk, Malou Khebizi y Philippe Petit. Guion: Laurent Cantet, Robin Campillo y Gilles Marchand. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Duración: 102 minutos. Estreno mundial en la Quincena de Cineastas (Película de apertura).

Además de director de largometrajes como Los que vuelven / Les revenants (2004), Eastern Boys (2013), 120 pulsaciones por minuto (2017) y L'île rouge (2023), Campillo ha trabajado como guionista en varias películas de Laurent Cantet. Cuando un cáncer minó las fuerzas de éste como para afrontar el rodaje de un nuevo proyecto, fue su amigo y colaborador quien concretó Enzo, que se presenta tal como lo publicamos en el título de esta crítica: “Una película de Laurent Cantet dirigida por Robin Campillo”.

En ese sentido, Enzo puede verse como una mixtura, una combinación, una unión entre las distintas sensibilidades cinéfilas y hasta identitarias de ambos cineastas (Cantet era heterosexual; Campillo es gay) para una película que indaga a partir del personaje protagónico que da título al film (interpretado por el debutante Eloy Pohu) en varias cuestiones muy pertinentes y actuales de la sociedad europea (y no solo europea) como la descontención adolescente, las presiones para continuar lo caminos y sostener los éxitos dentro de las familias pudientes, las cada vez más profundas diferencias generacionales y el impacto no menor de la(s) guerra(s).

Enzo tiene 16 años y vive en una hermosa casa con piscina y vista al mar en un pueblo del sur de Francia cercano a Marsella con su padre Paolo (el italiano Pierfrancesco Favino), su madre Marion Elodie Bouchez) y su hermano mayor que está estudiando para el examen de ingreso a la universidad. El, en cambio, para perplejidad de sus progenitores que ven como no “encaja” en los cánones y ámbitos que se suponen lógicos para su edad y su condición social, abandona el colegio y se dedica a practicar el oficio de albañil. No es particularmente ducho en la materia, pero está decidido a trabajar con las manos y no tanto con el intelecto.

En la obra en la que se desempeña como aprendiz, Enzo se siente cada vez más atraído por Vlad (Maksym Slivinskyi, obrero de la construcción sin experiencia actoral), un inmigrante ucraniano que está en Francia junto a otro compatriota para ganar plata, pero con la cabeza pueda en su país en guerra. Y el protagonista se empieza a obsesionar también con ese conflicto bélico.

Ese es el planteo inicial (o planteos, ya que la historia tiene múltiples ramificaciones) de un retrato adolescente que parece el reverso de Recursos humanos, donde un ambicioso joven estaba dispuesto a todo para ascender. Enzo, en cambio, no quiere escalar, no está dispuesto a seguir los mismos pasos de sus padres y su hermano; y, en medio del desconcierto, del resentimiento, de la angustia y de la soledad que lo acechan, deberá encontrar la forma de rebelarse contra esos mandatos que tanto lo perturban.

Lo mejor de la película -que ha sido comparada en varios aspectos con Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino- es que no manipula ni fuerza los conflictos y escarba en las contradicciones, en la ambigüedad, en la indefinición. El punto de vista es el de Enzo, pero uno puede entender también los de los padres, los otros jóvenes o los inmigrantes ucranianos. Aquí no se juzga a los personajes, pero sí se ofrece una mirada inquietante, incómoda, por momentos provocadora, sobre la crisis de valores, la falsa seguridad de la otrora opulenta burguesía europea y su estado de bienestar.

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