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Crítica de “Springsteen: Música de ninguna parte” (“Springsteen: Deliver Me From Nowhere”), película de Scott Cooper con Jeremy Allen White

Tras Loco corazón (2009), con Jeff Bridges; La ley del más fuerte (2013), con Woody Harrelson; Pacto criminal (2015), con Johnny Depp, Joel Edgerton y Benedict Cumberbatch; Hostiles (2017), con Christian Bale; Espíritus oscuros (2021), con Jesse Plemons y Keri Russell; y Los crímenes de la academia / The Pale Blue Eye (2022), también con Bale, Scott Cooper dirigió esta apenas correcta biopic con el actor de El Oso como protagonista que no le hace demasiado honor a la grandeza artística de The Boss.

Estreno 23/10/2025
Publicada el 21/10/2025

Springsteen: Música de ninguna parte (Springsteen: Deliver Me From Nowhere, Estados Unidos/2025). Dirección: Scott Cooper. Elenco: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Paul Walter Hauser, Stephen Graham, Odessa Young, David Krumholtz, Gaby Hoffmann, Harrison Sloan Gilbertson, Grace Gummer, Marc Maron y Matthew Pellicano. Guion: Scott Cooper, basado en el libro Deliver Me From Nowhere, de Warren Zanes. Fotografía: Masanobu Takayanagi. Edición: Pamela Martin. Música: Jeremiah Fraites. Distribuidora: Disney (20th Century Studios). Duración: 120 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Así como James Mangold salió más que airoso el año pasado del desafío de realizar una biopic bastante clásica sobre Bob Dylan como Un completo desconocido luego de la muy audaz I'm Not There, de Todd Haynes, ahora Scott Cooper se enfrentaba al reto de retratar a otro legendario artista vivo y muy vigente como Bruce Springsteen. El problema es que Música de ninguna parte no solo pierde en la comparación sino que resulta demasiado esquemática, subrayada y solemne a la hora de acercarse a un período clave en la vida y la obra de El Jefe.

A riesgo de que este párrafo suene demasiado egocéntrico, me parece bien aclarar desde dónde uno escribe sobre alguien como Springsteen. Para mi es uno de los mejores cantautores de la historia, un rockero incombustible y un poeta brillante, alguien que me ha regalado (ya sea en la madrugada del a esta altura mítico festival Amnesty de 1988 en River o en GEBA en 2013) algunos de los mejores shows en vivo que he visto en mi vida. Ahora bien: en la crítica de una película como Música de ninguna parte uno no está valorando su extraordinaria carrera ni la conexión artística y afectiva que se establece con un músico sino la calidad artística de una ficción que, si bien tuvo su aprobación, su supervisión y ahora su participación en la promoción, es producto de la visión del guionista y director Scott Cooper, uno de esos artesanos con oficio y cierta nobleza pero que carece de cualquier impronta autoral o búsqueda medianamente arriesgada.

Como suele ocurrir -y está muy bien que así sea- Música de ninguna parte se concentra en un período (y en este caso bastante oscuro) de la vida de Springsteen: el que, en medio de depresiones y ataques de pánico producto de traumas que acarreaba desde la niñez, compuso su disco “folk”, Nebraska (editado en 1982), justo después del incipiente éxito del álbum doble The River (1980) y antes de la consagración masiva y definitiva que llegaría con Born in the U.S.A. (1984).

La película pendula todo el tiempo entre el pasado traumático de un niño de 8 años tironeado entre el amor de una madre amorosa como la Adele de Gaby Hoffman y un padre alcohólico y por momentos abusivo como el Douglas de Stephen Graham (sí, el creador de la genial serie Adolescencia); y el presente de un Springsteen que, a principios de los '80, con 32 años, tiene todo para convertirse en una estrella que llena estadios. Pero cuando la discográfica CBS / Columbia esperaba un disco cargado de singles que pudieran convertirse en hits que escalaran en los charts y sonaran en las radios, The Boss inició un tortuoso, solitario e introspectivo proceso que, bajo las influencias cinéfilas de Malas tierras / Badlands (1973), de Terrence Malick; y La noche del cazador (1955), de Charles Laughton, consistió en componer, interpretar y grabar en su casa ¡en cassette!, con un precario equipo de cuatro canales, los temas acústicos de Nebraska. Además, se negó a regrabarlas en estudio con su banda, a salir de gira o hacer promoción. El resultado, claro, es uno de los discos más hermosos, líricos, viscerales, honestos y descarnados de todos los tiempos.

Springsteen pelicula 2025 1200

Los flashbacks de la infancia y la historia de amor imposible con Faye Romano, una madre soltera y mesera interpretada por Odessa Young, quitan más de lo que agregan y, por ende, la película se sostiene más en las relaciones que Springsteen va construyendo con el asistente de grabación Mike Batlan de Paul Walter Hauser y sobre todo con su manager, amigos, confidente y protector Jon Landau (Jeremy Strong, el Kendall Roy de Succession). 

Frente a varios momentos más propios de un telefilm de Hallmark que de una biopic sobre un artista mayúsculo, hay que reconocerle a Cooper que los pasajes de los shows (tanto cuando participa tocando como invitado covers de Little Richard o John Lee Hooker en pequeños clubes como cuando ya llena estadios por sí mismo) y las escenas con las dinámicas de las grabaciones en estudio (hermosa la escena en la que terminan Born in the U.S.A.) están muy bien construidas.

El párrafo casi final debe ser, claro, para Jeremy Allen White, un a esta altura “experto” en personajes traumados, angustiados y algo desconectados del mundo real. De hecho, su Springsteen tiene varios aspectos en común con el Carmen 'Carmy' Berzatto de El Oso y la relación con Faye encuentra no pocas similitudes con la de Carmy con la Claire de Molly Gordon. De todas formas, como ocurría con Jeff Bridges en Loco corazón (Crazy Heart), ambos actores están por encima (y a su manera maquillan, mejoran, amplifican) del material algo convencional y de vuelo bajo que les toca en suerte.

Desde una mirada un poco más indulgente, quizás Música de ninguna parte sea la película sincera, sencilla y directa que Springsteen quería dentro de un universo de biopics cada vez más rebuscadas y delirantes (recuerden el mono de Robbie Williams en Better Man). Esa misma franqueza con la que este hombre que retrató como pocos a la clase trabajadora enfrentó los fantasmas y demonios de una vida y de una carrera artística que luego pudo encarrilar para conmover a millones de personas en todo el mundo.

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