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Especial “Mis muertos tristes”: Entrevistas a Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez

Nuestra enviada al festival español, donde la producción de Netflix dirigida por el chileno Pablo Larraín tuvo su estreno mundial en la Competencia Oficial, charló en el hotel María Cristina de la ciudad vasca con las cuatro actrices principales de este drama fantástico basado en cuentos de Mariana Enriquez.

Publicada el 21/09/2026
  • Fonzi y Morán con el realizador Larraín.

Aquí la crítica de la miniserie de cuatro partes, que en San Sebastián se presentó como una película de 187 minutos, y que en Netflix estará disponible desde el próximo jueves 24 de septiembre.


Entrevista conjunta a Mercedes Morán y Dolores Fonzi

Quería empezar preguntándoles por la relación que tienen sus personajes, y por lo tanto ustedes, con el paisaje, que es un personaje más, tanto en la serie como en los cuentos de Mariana Enríquez ¿Cómo prepararon y trabajaron ese vínculo con el entorno, con el barrio?

Dolores Fonzi: La locación, Piedrabuena, es un personaje más. Funciona como un buen vestuario, una buena locación, un buen guion: es parte de lo que te contiene. Entonces, más allá del vínculo, armar el personaje en ese ámbito, con ese contexto, ya te mete dentro del cuento. Es dejarse impregnar por la energía que el lugar ya tiene, que es tan cinematográfica, y por algo lo eligieron, con esa arquitectura brutalista en un barrio de Argentina. Yo ya lo conocía y me hace acordar a Brazil, la película de Terry Gilliam. Tiene algo que se impone. Y, así como se impone el barrio, se impone también la sensación que te queda cuando leés a Mariana, cuando leés su literatura, y se impone la mirada de Pablo, que es un director súper contundente con su universo y con su manera de armar mundos. Después estamos nosotras, que nos metemos ahí, con la suerte de tener todo eso marcándonos el camino, y armamos una red de mujeres, que es un poco lo que termina siendo la historia. Más allá de Emma y sus temas, que ya te contará ella, el núcleo duro son los vínculos femeninos: ser madre, ser hija, ser abuela, ser nieta, ser hermana, ser prima. Ahí es donde la serie se sustenta, donde se apoya. Porque están los muertos y están los vivos, y esos mundos conversan a la vez: están los que participan del mundo de los muertos y los que no, pero después se mezclan ¿Cómo lo preparé? Siendo todo tan complejo, fui a lo más básico: el vínculo madre-hija, eso que me tira hacia ella, tratar de comprender de dónde vengo, quién es esta mujer que vive con ese don y con lo que el don le trae. Sabiendo que yo estoy fuera de eso, que no lo tengo, que no sé cómo hacer, pero igual me quedo ahí. Mi personaje es una señora grande que podría tener una familia con cuatro hijos y sin embargo vive como fuera del tiempo y fuera del sistema.

Mercedes Morán: La elección del lugar fue fundamental. Fijate que ni el personaje de Dolores ni el mío viven ahí. Están ahí porque ahí vivía mi madre y estamos haciendo el duelo por su muerte; yo en particular lo hago con su fantasma presente. Viene mi hermana con su familia, viene mi sobrina, y vienen a ese barrio, no a mi departamento del centro, que dejé temporalmente. Y en ese lugar ocurre todo. Nada de lo que pasa podría ser igual en otro sitio. Si yo hubiera mantenido mi vida, si hubiera recibido a mi familia y hubiera hecho el duelo por mi madre en mi departamento, todo ese contagio que empieza con la llegada de mi sobrina, todo lo que ocurre con los muertos, no habría podido transcurrir de esa manera. Y coincido con Dolores: a mí el lugar también me impresionó mucho, yo no lo conocía. Verlo con la cámara desde arriba, las aéreas, me remitió a Brazil, a esa arquitectura de la que no sabés si es del pasado o del futuro. Un futuro decadente, un futuro no establecido: ¿Cuán futuro, cuán cercano o cuán lejano? Es el marco donde transcurre todo y era muy inspirador. Y también la población, el paisaje humano del lugar. Nos ayudaba a contarlo todo.


¿Cómo fueron construyendo esa relación madre-hija?

Mercedes Morán: Ese camino de encuentro lo busca sobre todo la hija, mucho más que la madre: poder asumir esa construcción familiar, esa vinculación con una madre tan especial, con un don que la atraviesa y que atraviesa sus vínculos. Es claramente el vínculo más importante y el que hay que resolver, y fue toda una construcción que tuvimos que hacer juntas con Pablo. Lo de la fotografía en el personaje de Dolores habla mucho de su deseo de encontrarse en un lugar, en ese lugar donde no se ve todo lo que hay y donde se busca en la nada. Y sí, hacia el final se vuelve bonito, porque es muy difícil hablar de un perdón, de un reencuentro, con personajes tan poco románticos, tan poco apasionados, que no están dispuestos a sobreadaptarse a nada.

Dolores Fonzi: Me estoy dando cuenta ahora de que pasa algo bastante básico: la muerte une a las personas. Muere la abuela y aparecen la hija y la tía. Esa muerte une a estos personajes. Al final, dentro de lo que es una familia disfuncional como esta, son los momentos contundentes de la vida, un nacimiento, una muerte, los que unen, y todo termina siendo un entuerto de familiares que aparecen por esas ausencias, muertes, desapariciones. Cuando muere la abuela, todos se juntan y tratan de tener un vínculo. Y aparece eso, que es lo más básico: una familia lidiando con la situación.

Mercedes Morán: La serie habla de muchas cosas y va a tener muchas lecturas, pero está esta convivencia entre los vivos y los muertos, esta posibilidad que nos dan los muertos de regresar, de hacer un poco de justicia, de tener un espacio donde pedir perdón si se fueron antes de que pudiéramos hacerlo. Y un universo básicamente habitado y conducido por estas cuatro mujeres, algunas vivas, otras muertas, pero todas con sus deseos y con la vocación de llevarlos a cabo.


Fonzi moran


¿Cómo vieron la correlación entre el universo de Enríquez y el de Larraín?

Mercedes Morán: Para mí fue como una explosión atractiva en la que quería estar. No me la quería perder: dije "wow, Mariana Enríquez, Pablo Larraín, quiero estar ahí". Y los dos, desde sus distintos roles, fueron muy generosos a la hora de escucharnos, de inventar un lenguaje entre todos, y muy claros. Cuanto más género tiene la historia, más verdad necesitamos nosotras para que eso suceda. Para un actor, para una actriz, el género de la película no interfiere: no tenemos que actuar el suspenso ni tenemos que actuar lo extraordinario. Es obvio, pero es fácil de olvidar. Y ahí estaba Pablo para que no nos olvidáramos.

Dolores Fonzi: Claro, al final es tomar lo que viene y darle la humanidad y la verdad que hay que ponerle, salvo que te pidan otra cosa. En general es ser nosotras mismas, obviamente componiendo lo que haya que componer. Cuando hay un universo muy marcado, cuando hay un director con una mirada y cuando atrás hay una literatura de un género tan contundente, es lo mejor que te puede pasar: solo hay que meterse en el baile.


Para ir terminando, hablaban antes de ver o no ver a los muertos. Eso implica todo un trabajo interpretativo. Es interesante lo que decías de no agregarle lo fantástico, pero a la vez en la mirada, en la reacción, tiene que comprenderse.

Mercedes Morán: Hay algo en la escritura de mi personaje que es su familiaridad con los muertos. Si no fuera así y viera un muerto por primera vez, probablemente me aterraría, me asustaría. Pero no es el caso de Emma: ella tiene una familiaridad y un ida y vuelta con los muertos, a los que incluso tranquiliza. Así que tampoco estábamos exigidas de actuar el susto. Creo que era Hitchcock el que decía que, para que una escena fantástica resulte realmente fantástica, tiene que estar en un contexto muy realista. Si querías mostrar un objeto en el cielo, lo mejor era que además del cielo y el objeto se viera lo de abajo: un árbol, un chico pasando en bicicleta. Eso lo hacía más extraordinario. Y volviendo al barrio: todo colaboraba para que esta historia fuera fantástica y realista al mismo tiempo. Y después está la lectura social. El tema de la inseguridad, la justicia por mano propia que la gente empieza a ejercer, que es tan peligrosa y que siempre viene acompañando un concepto que para algunos desalmados es bandera, haciendo mal uso del tema de la inseguridad, o de la seguridad.


Mis muertos tristes equipo
Las cuatro actrices y Pablo Larraín en el photocall.


Entrevista conjunta a Alejandra Flechner y Carolina Álvarez

Quería comenzar por una consideración general, que también les hice a sus compañeras. En la serie están ustedes, pero el paisaje juega un papel muy importante. Ese paisaje urbano...

Alejandra Flechner: Y lo social. Para empezar, Mariana Enríquez es una escritora cuyos personajes están siempre situados. No son personajes que podrían estar en cualquier lugar: están siempre en una zona, en cierta periferia, en un sentido social y también territorial, no necesariamente en la gran ciudad. Tiene un montón de cuentos así, y creo que trabaja muchísimo eso en su literatura. La presencia de lo social es permanente en sus personajes, y no como fondo, sino como forma de constituirlos. Y si ves el cine de Pablo, sobre todo su primer cine. En El club, en Tony Manero, en ese mundo, pasa algo parecido. Incluso en el El conde, cuando está contando una parte de la historia, también es situado, también se mete en su Chile, en su lugar, y cuenta a esos personajes a través de una circunstancia, de un momento. En ese sentido, creo que los dos van…

Carolina Álvarez: De la mano.

Alejandra Flechner: Muy de la mano. Y siento que eso es un personaje más, o el personaje que contiene a los otros personajes.

Carolina Álvarez: Exactamente. Mariana y Pablo se llevan de la mano. Si bien son visiones muy diferentes, hay algo que tiene que ver con lo social y que está presente en los dos. Y en la visión de Mariana está además este lado femenino que les pone a los personajes: problemas reales, situaciones reales. ¿Dónde está el miedo de la historia? ¿Qué es el terror? Lo cotidiano. Cosas que pasan todos los días. La muerte, por ejemplo: ¿va a pasar? ¿Dónde está la escapatoria?

Alejandra Flechner: Y además la memoria, el fantasma como espacio de algo que viene a tocarte la puerta. Algo que está sucediendo y no quiere ser atendido, no quiere ser visto, se lo quiere correr del lugar, y aparece igual diciendo: no, esto también somos nosotros.


Flechner alvarez
Flechner (centro) y Alvarez (derecha) junto a Mariana Enriquez

Carolina, tu personaje es quizá el más presente en los cuentos en los que se basa la serie ¿Qué papel jugó el cuento a la hora de construir el personaje?

Carolina Álvarez: Fue muy importante. Imaginate que Julie es una persona que vive completamente aislada y, sin embargo, está re presente. Está muy presente en la realidad, en sus vínculos, en sus relaciones, pero vive en otro mundo: se inventó un mundo para ella sola para no tener que lidiar con ciertas cosas.

Alejandra Flechner: Con la sociedad.

Carolina Álvarez: Con la sociedad y con su familia, con su madre, con su padre. Por eso también tiene ese acercamiento con su tía y con su prima: porque las ve de otra manera, porque ellas quieren acercarse de otra manera. Los padres de Julie no quieren acercarse, y a la vez ella tampoco puede.


Alejandra, en tu caso me interesa mucho toda la dimensión que le das a través del habla, del acento, del uso del inglés.

Alejandra Flechner: Ah, eso lo fui inventando. Estaba apenas insinuado en el guion y yo le fui metiendo ciertas maneras. Porque Lidia, como su nombre lo indica, lidia con toda una vida completa: es una gran negadora y una gran desplazada. Niega que su hermana hable con los muertos. Tiene una hija que habla con gente y no quiere ni pensar que se parece a su hermana: baja la cortina, hace como que no y decide que la chica tiene problemas. Y niega su clase: se va a vivir a Estados Unidos y se cree que se fue al primer mundo, aunque tenga una vida precaria. Y vuelve al lugar, al barrio, y sigue pensando que es suyo. Niega su origen. Hacerse la que viene de otro lado es un falso aspiracional que termina siendo hipócrita.

Carolina Álvarez: Identificarse con el de arriba.

Alejandra Flechner: Es esa clase media que se identifica con el de arriba y no con el de abajo. Eso lo tenemos muy presente en la Argentina. Bueno, ahora no, porque ahora ya no hay clase media: estamos borrados, estamos todos abajo. Es una persona disconforme, frustrada, disconforme con la vida y disconforme con la hija que tiene. Está profundamente decepcionada.


En relación con eso, la otra pregunta es cómo trabajaron la relación entre ustedes. Porque la serie la plantea en dos fases: un momento con Julie viva y un momento en el que Julie ya no está, pero la relación sigue ahí.

Carolina Álvarez: Sigue estando presente, exacto.


Mis muertos conferencia


¿Cómo trabajaron eso? E incluso con una figura que hoy no está acá, la del padre, esa figura masculina completamente…

Alejandra Flechner: Pollerudo.


Exacto.

Carolina Álvarez: Pollerudo máximo. Y muy emocional.

Alejandra Flechner: Mirá, si te fijás, nosotras tenemos muy pocas escenas juntas. Y yo, por mí, quiero el spin-off de esa familia en Oregon. Me parece que hay mucha tela para cortar ahí. Y es loco, porque la historia con mi hija la cuento más a través de mi vínculo con mi hermana, con el personaje de Emma, con Mercedes. Con Carolina compartimos muy pocas escenas, y a mí me hubiera gustado tener más momentos para actuar juntas. El vínculo hubo que construirlo, como se construye en la actuación: no conocés a alguien, "hola, ¿qué tal?, sos mi hija", y de pronto hay que construir un mundo entero, una vida con el otro.

Carolina Álvarez: Y fue re fácil. Hubo química con todos los personajes, pero con Alejandra fue química pura. No tuvimos ensayos previos, nada, fuimos directo al set, y se sentía. Se sentía esa relación, ese vínculo.


Carolina, tu personaje quizá es el que tiene las escenas más icónicas en términos iconográficos. Está evidentemente la escena de sexo con los fantasmas, que tiene un punto de transgresión muy fuerte por el contenido pero también visualmente.

Carolina Álvarez: La visión de Pablo y la mía coincidían: queríamos que la gente pudiera ver su belleza, su hermosura. Si bien es un cuerpo gordo, con todo el estigma que carga encima, es bello, es hermoso, parece una pintura. Hay una escena al final en la que estoy sola, completamente desnuda, sentada en la cama, y las sombras me tapan lo justo y necesario. Esa imagen es preciosa. Tenía que ver un poco con eso: que la gente vea lo sensual y lo sexy que hay en ella, cómo hace este personaje para sentirse así, tan linda. Si bien no lo demuestra, puede hacer lo que quiere y lo logra.

Alejandra Flechner: Totalmente. Y no hay nada estereotipado. Es, como decís, un cuerpo gordo que no hace de cuerpo gordo. Es una mujer que no podría tener otro cuerpo, y no se está contando el cuerpo gordo. Eso me parece un paso más allá dentro de las narrativas de los cuerpos en el audiovisual, donde la gorda es la gorda y hace de gorda. 

Carolina Álvarez: Y además está la gorda comiendo. Come, pero come como una persona normal. No pasa nada por ahí. 

Alejandra Flechner: Yo, cuando leía, temía cierto morbo, porque con el guion se podía ir a un lugar recontra morboso. Y terminó siendo totalmente artístico. La imagen del tanque y ella flotando es un artefacto artístico. Me parece fabuloso.

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