Críticas
Estreno en cines
Crítica de “Scream (Grita)”, de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett
Más de un cuarto de siglo pasó desde que Wes Craven estrenó Scream en 1996. El celebrado director falleció en 2015, pero la saga que él creó revive con una quinta entrega que está a la altura de las expectativas.
Scream (Grita) (Scream, Estados Unidos/2022). Dirección: Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Guion: Guy Busick, James Vanderbilt y Kevin Williamson. Elenco: Courteney Cox, Neve Campbell, David Arquette, Jack Quaid, Jenna Ortega, Melissa Barrera, Marley Shelton, Kyle Gallner, Dylan Minnette, Mikey Madison, Jasmin Savoy Brown y Mason Gooding. Música: Brian Tyler. Fotografía: Brett Jutkiewicz. Duración: 114 minutos. Distribuidora: UIP. Calificación: Solo apta para mayores de 16 años. Estreno en salas.
Una jovencita está en su casa cuando suena el teléfono. Del otro de la línea habla una voz masculina que dice ser de un conocido de la familia, pero después -cuando dé datos precisos sobre lo que ella está haciendo en ese momento- queda claro que ese hombre está más cerca de lo que piensa. Y que tiene secuestrada a su mejor amiga. Para no matarla, avisa, debe responder bien tres preguntas sobre una película de terror basada en los crímenes ocurridos en ese pueblo hace 25 años.
La voz, finalmente, toma forma corpórea cuando aparezca con un cuchillo afiladísimo y la clásica máscara de Ghostface, símbolo e ícono de Scream, la película (devenida en saga) que hace un cuarto de siglo le insufló nuevos aires –autoconscientes, de complicidad tácita con el espectador- al cine de terror.
La acción tiene lugar, como siempre, en Woodsboro. Y quien atiende la llamada inicial es Tara (Jenna Ortega), hermana menor de Sam (Melissa Barrera), quien durante años estuvo alejada de ella por motivos que la más chica desconocía. Un motivo que funciona como vínculo con el resto de la saga y puntapié para el inicio de una nueva ola de crímenes que acechará el núcleo cercano de las hermanas. Mientras tanto, sus amigos intentan descubrir al asesino basándose en las “enseñanzas” de Stab, la saga dentro la saga que se inició con el libro escrito por la periodista Gal Weathers (Courteney Cox) y que ya va por su ¡octava! película.
El padre de la criatura, Wes Craven, falleció en 2015. Pero la nueva Scream, dirigida a cuatro manos por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, sigue a pie juntillas aquella fórmula mezclando metadiscursividad y apuntes sobre sí misma, sobre todo el género del terror en general y del subgénero slasher en particular. Nada nuevo bajo el sol en un contexto donde los guiños y lo autorreferencial están a la orden del día en la mayoría de las películas con aspiraciones de éxito en la taquilla comercial, con las de superhéroes a la cabeza.
Scream no es tanto una película perteneciente al cine de terror como una película sobre el cine de terror. Es cierto que gira sobre esa única idea y le exprime hasta la última gota. Tan cierto como que Bettinelli-Olpin y Gillett consiguen dialogar con el ideario del género con frescura y una bienvenida irreverencia que llega a su punto máximo en ese clímax donde se desata una auténtica fiesta de sangre y cuchillazos.
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