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Crítica de “Benedetta”, de Paul Verhoeven, con Virginie Efira y Charlotte Rampling (Competencia Oficial) - #Cannes2021

Próximo a cumplir 83 años, el siempre audaz y provocativo director neerlandés de títulos como Delicias turcas (Pasión obsesiva), Los comandos de la reina (El soldado de Orange), El cuarto hombre, RoboCop, El vengador del futuro, Bajos instintos, Showgirls, Invasión, El hombre sin sombra, Black Book - El libro negro y Elle: abuso y seducción "incendió" la Croisette con su transposición de Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy, libro en el que Judith Brown reconstruyó la historia de Benedetta Carlini (1591-1661), monja lesbiana que vivió en la Italia de la Contrarreforma. La 74ª edición de Cannes ya tiene la película que divide aguas, esa que genera lo que siempre se busca: el apasionado debate cinéfilo.

Publicada el 10/07/2021


-Benedetta (Francia-Países Bajos/2021). Dirección: Paul Verhoeven. Elenco: Virginie Efira, Charlotte Rampling, Lambert Wilson, Pierre Hervé, Olivier Rabourdin, Daphne Patakia, Clotilde Courau,  Quentin D'Hainaut y Guilaine Londez. Guion: David Birke y Paul Verhoeven. Música: Anne Dudley. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Edición: Job ter Burg. Duración: 127 minutos


Basta un rápido vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el mundo anda muy agitado, muy revuelto: muy mal. Se necesita un poco más de entendimiento para comprender que este panorama casi apocalíptico nos está afectando. Ya lo hizo, de hecho. Nosotros también andamos muy mal. Tanto, que nos cuesta hablar de esto mismo. Y en parte por esto nos cuesta hablar de todo lo demás. O sea, que sobrevuela el planeta un vórtice inmenso de miedos, complejos mal llevados y otras malas vibraciones que lo emborronan y manchan todo.

Sí, ahí fuera hay una pandemia terrible, pero es importante tener en cuenta que antes de la llegada de esta espantosa plaga, ya estábamos mal. Ya había mucha tontería en el ambiente. Y ahora aún más. En ese contexto aparece Paul Verhoeven, ese agente del caos que evidentemente no teme al desorden. Un hombre por encima del bien y del mal, que nos lleva, por fin, a un pasado que puede ser visto como sarcástico reflejo de nuestro desquiciado presente.

En el mundo de Benedetta el monstruo del puritanismo ha tomado posesión de cada estamento de la sociedad y, por si fuera poco, una terrible enfermedad (en este caso, la peste negra) ha sitiado y confinado a las pobres gentes de los grandes núcleos urbanos. Para su esperada adaptación de Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy, de Judith C. Brown, al realizador de  Elle: abuso y seducción no le queda otra que beber, a borbotones, de las turbias aguas que emanan tanto de la religión como del sexo (esos dos generadores de tabúes).



Su nueva película es, en efecto, un divertido y estimulante exponente del cine de los fluidos. En esta nueva ración de Flesh+Blood (1985), hay sangre,  sudor, leche y, por supuesto, fluidos vaginales. Como cabía esperar, las filias escatológicas y violentes de Verhoeven campan a sus anchas. Para provocar, claro, pero también para humanizar a unos personajes que muy fácilmente podrían ser carne de mito. Al fin y al cabo, si nos pinchan, todos sangramos y también todos por lo menos una vez al día tenemos que ir a cagar.

Y se dice así, sin enredarse buscando palabras que no sean malsonantes, y se muestra tal y como lo hacemos en la vida real: los personajes de Virginie Efira y Daphne Patakia, de hecho, empiezan a intimar así: mirándose la una a la otra mientras se lavan la mierda del culo con un puñado de paja. Verhoeven sigue riéndose de las convenciones que supuestamente deben preservar la pureza del espectador. Lo hace con la naturalidad de quien se tira un pedo e ipso facto admite, con una sonrisa de oreja a oreja, que sí, que ha sido él.

Descubrir Benedetta implica, en este sentido, abrazar la gracia de ver a un elefante entrar y pasearse por una cristalería, y la gracia que le hace a este elefante, porque sabe lo que es; porque sabe que su condición es exculpatoria. Es la envidiable libertad desde la que nos habla alguien a quien no le importa lo que pensemos de él: con él en la sala, todo puede pasar y, claro, llega un momento en el que la película parece adquirir voluntad propia; en este punto, es como si ya nadie estuviera en control de ella. Gloriosa imprevisibilidad.

Paul Verhoeven, como mucho, debe estar en un rincón riéndose. De todo esto; con todo esto. Y por si fuera poco, decide jugar, como solo él sabe, con la ambigüedad y el misterio, a lo mejor para tenernos dando vuelta sobre las cuestiones que, en el fondo, no importan. En serio, estamos cargados de tonterías, y ya va tocando exorcizarlas. El obispo, el capellán y las monjas ya no saben si tienen que administrar la extramaunción o ser testigos del milagro de la resurrección. Una algarabía, como en la que estamos metidos. Benedetta brilla como la nueva bendita carcajada de quien ve en la blasfemia el primer paso hacia la -revolucionaria- liberación, tanto íntima como colectiva.


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COMENTARIOS

  • 17/11/2021 23:48

    Paul Verhoeven decide filmar, sin tomarse muy en serio, la historia de Benedetta una monja que a través de una puesta en escena hace creer a todo un pueblo que habla por boca de Jesús y termina convirtiéndose en una santa aunque en su vida interior tiene una historia de amor con Bartolomea, una joven plebeya que fue abusada por su propio padre. Hay una pintura del siglo XVI en Pescia, en plena Toscana, con todo el repertorio de miserias humanas y de hipocresías mostrando la crisis de una institución como la Iglesia que es retratada con su corrupción y su sádica crueldad. Es muy bueno el trabajo de la protagonista Virginie Efira y de Dahpne Patakia (protagonista de DJAM). Sin deslumbrar la película resulta más que aceptable (7/10) . .

  • 17/07/2021 13:03

    Una pena que, con tanta fluidez de palabras, conocimiento, sensibilidad y capacidad de sorpresa en sus argumentaciones, el Sr. Víctor Esquirol omita algo fundamental en sus críticas: decir de qué tratan las películas. Así los textos quedan truncos, brumosos, no complejos por su estilo sino cerrados en sí mismos. Es un estilo de crítica que, creo, ya pasó de moda. Por algo grandes críticos locales como el propio Batlle, Lerer o Bernades siempre hacen lo opuesto, convirtiendo sus críticas en -además- narraciones imperecederas...

  • 10/07/2021 10:04

    Que placer leer textos tan inteligentes y a la vez viscerales, y muy bien escritos. Grande Esquirol

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