Ciclos

Octubre 2026

Andrzej Wajda: Entre el mito y la historia, en la Sala Lugones

Del jueves 1° al miércoles 14 de octubre se llevará a cabo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) este ciclo integrado por 9 largometrajes que recorren una parte fundamental de la filmografía del genial realizador polaco, en copias restauradas enviadas especialmente desde Polonia. El ciclo está organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, junto con la Embajada de la República de Polonia en Argentina, la Fundación AVA Arts y Fundación Cinemateca Argentina, en colaboración con el Instituto Adam Mickiewicz y Documentary and Feature Film Studio (WFDiF). Proyecto cofinanciado por el Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia (Fondo de Promoción Cultural).

Publicada el 24/09/2026

“Wajda había dado sus primeros pasos en el cine de la mano de Aleksander Ford, su gran maestro en la Escuela de Lodz, que empezó siendo ‘un estalinista ortodoxo’ (así lo definió Roman Polanski, otro de sus discípulos) y terminó denunciando los horrores del gulag soviético. A lo largo de una carrera de 60 años, Wajda reflejó a su manera muchos sucesos claves para su país y también empezó apoyando el comunismo y terminó enfrentado con las rigideces y el autoritarismo del régimen consolidado luego del acuerdo de Potsdam, que intentó reordenar la Europa de posguerra en 1945. La obra de Wajda es una especie de manual que recorre acontecimientos ineludibles de la historia de su país: la independencia polaca (Pan Tadeusz, 1999), el gueto de Varsovia (Korczak, 1990), la matanza de más de 20.000 oficiales polacos por orden de Stalin (Katyn, 2007), la resistencia al nazismo y el anticomunismo (Cenizas y diamantes, 1958, potente cierre de una trilogía dedicada a las miserias de la guerra que completan Generación,1955 y La patrulla de la muerte, 1957) y, finalmente, la que sería su despedida, Walesa (2013), un ardiente retrato armado a partir del cruce entre ficción y documental, del sindicalista que terminó siendo presidente entre 1990 y 1995. Continuidad necesaria, además, de El hombre de hierro (1981), film dedicado a contar los orígenes de Solidaridad en los astilleros de Gdansk y Gdynia, que se llevó la Palma de Oro de Cannes en 1981 y lo consolidó en el plano internacional.

Al margen del Oscar honorífico que ganó en 2000, hubo tres películas de Wajda nominadas por la Academia para la categoría destinada a premiar al mejor film en lengua no inglesa: La tierra prometida (conocida en otros territorios hispanohablantes como La tierra de la gran promesa (1975), El hombre de hierro y Katyn. Pero es probable que sea Cenizas y diamantes la película que sintetice con mayor eficacia y nitidez su estilo: en sagaz oposición a los cánones del realismo socialista, el film denunciaba la pasividad rusa en el levantamiento de Varsovia contra los nazis y, al mismo tiempo, subrayaba el papel jugado por el ejército clandestino Armia Krajowa en la resistencia contra la violencia de las fuerzas hitlerianas. ‘Ha de entenderse como el film más significativo de la escuela polaca de posguerra, por la presencia de símbolos y temas como el de la libertad individual, la necesidad de una definición política y la idea de un antihéroe’, señalaba en el momento de su estreno en nuestro país la reseña del diario La Nación.  Ya en esa película, Wajda mostraba con claridad una de sus virtudes más conocidas y celebradas: la inteligencia para ser agudo y provocativo sin caer en la obviedad ni en la propaganda. En su extensa filmografía deslumbran otros títulos de singular belleza formal, como Las señoritas de Wilko (1979) y Danton (1983). Una constante de la conducta artística y política de Wajda fue poner en crisis cada certeza por la que se había jugado antes. Una especie de duda cartesiana permanente que alcanzó incluso a su venerado Walesa, quien colaboró decididamente para que el cineasta fuera elegido senador en su país. Incansable, antes de irse, Wajda dejó terminado un largometraje, Powidoki (2016), biopic del pintor de vanguardia Wladyslaw Strzeminski, que este año fue la elegida por Polonia para la carrera por el Oscar”. (Alejandro Lingenti, La Nación. Octubre de 2016).

Jueves 1°
A las 20.30 horas
Cenizas y diamantes
(Popiół i diament; Polonia, 1958)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Zbigniew Cybulski, Ewa Krzyzewska, Waclaw Zastrzezynski.

En Polonia, concluida la Segunda Guerra Mundial, la situación política y social es caótica. El idealismo cede el paso a diversas formas de anarquía y extremismo. El protagonista, un joven que milita en un grupo ultranacionalista, recibe el encargo de asesinar a un importante comunista; pero, cuando el joven encuentra el amor, en pocas horas sus certezas comienzan a convertirse en dudas.

“Tres tentativas de adaptación de esta novela de Jerzy Andrzejewski fueron anteriormente abandonadas por la complejidad del tema. Era necesario tener cuidado de no humillar, pero tampoco de no rehabilitar a aquellos que, en la confusión que siguió a la Liberación, con toda buena fe, eligieron el partido equivocado. Tampoco había que disgustar a aquellos que encontraron de forma instintiva el buen camino. La película fue generalmente bien acogida, pero algunos encontraron sin embargo que había hecho demasiado bella la parte de los oponentes, o de los comunistas, según sus opiniones respectivas". (Andrzej Wajda, Conversaciones con Wajda).

“En Cenizas y diamantes, enorme éxito de público en su país y el film que terminó de cimentar el nombre del realizador a nivel mundial, Wajda comienza a desmantelar el bronce que revestía su mirada sobre el pasado reciente en Generación, poblando el relato de zonas oscuras y miserias personales y grupales (y haciendo de la iconografía religiosa un elemento visual de inesperada e irónica potencia metafórica). Ese camino desde el relato sancionado por las autoridades y los comisarios culturales hacia la pintura de claroscuros continuaría en las dos décadas siguientes, culminando en el desencanto casi total y la oposición drástica al gobierno de su país". (Diego Brodersen, Página/12. Octubre de 2016).
(105'; DCP).


Viernes 2

A las 15 horas
La boda
(Wesele; Polonia, 1973).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Marek Walczewski, Izabella Olszewska, Daniel Olbrychski.

Adaptación de la pieza teatral de Stanislaw Wyspianski, la historia transcurre en 1900 y sigue a un poeta polaco de Cracovia que decide casarse con una chica campesina. A la boda acude un grupo heterogéneo de personas que representan todos los estratos de la sociedad polaca, que bailan, se emborrachan y lamentan los 100 años que Polonia estuvo dividida entre Rusia, Prusia y Austria.

“El drama de La boda es la incomprensión de la situación por parte de los intelectuales que no entienden que los campesinos sólo pueden liberarse solos, sin la ayuda de otro grupo, por acciones y con líderes provenientes de su misma clase. La otra lección que nos da Wyspianski es que debemos ser fieles a la vía trazada por los grandes artistas. El marxismo nos ha enseñado que los intelectuales sirven siempre a la clase dominante. Pero, al mismo tiempo, tienen una sensibilidad que les permite ser los portavoces de la angustia del ambiente. Lo importante es que todos estos personajes se hayan encontrado en un recodo de la historia, se hayan sentido responsables del destino de su pueblo y habitados por el deseo de cumplir un acto patriótico". (Andrzej Wajda, Conversaciones con Wajda).

“El mensajero de la sublevación galopa sobre un caballo blanco querido por Wajda, un bosque de guadañas se yergue en la niebla, la música del baile queda tapada por momentos por un rumor fúnebre, los novios dan vueltas por los huertos en flor. Es toda una temática dramática y de leitmotivs visuales que los que están familiarizados con el cineasta reencuentran con emoción y felicidad. Sí, yo creo que con esta admirable película, Wajda alcanza un punto culminante al que conducían sus tres o cuatro últimos films: estamos a la vez sorprendidos y satisfechos de que siga siendo, a sus 47 años, el mejor cineasta polaco". (Marcel Martin, Ecran 74).
(106'; DCP).

A las 21 horas
Generación
(Pokolenie; Polonia, 1955)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Tadeusz Lomnicki, Zbignew Cybulski, Roman Polanski.

Durante la ocupación nazi de Polonia, toda una generación de jóvenes tuvo que crecer a marchas forzadas a causa de la adversidad. Stach es un adolescente que vive en las afueras de la Varsovia ocupada por los nazis. Pronto se ve implicado en la arriesgada lucha contra la opresión, madurando mientras asume la responsabilidad de las vidas de sus amigos y compañeros.

“Generación está bañada del lirismo de los claroscuros, salpicada con lo insólito. El estilo rompe brutalmente con el de las películas de Aleksander Ford, con quien Wajda había trabajado de asistente. Es una de sus películas más despojadas, más sobrias. Wajda reconoce haberla hecho influenciado por el neorrealismo italiano. Lamentablemente, el film no encontró el éxito esperado”. (Jean-Luc Douin, Conversaciones con Wajda).

“Los años de lucha contra la ocupación alemana durante su adolescencia se transformarían –a través de la adaptación de la novela homónima de Bohdan Czeszko– en Generación, la ópera prima de Wajda en el largometraje luego de un puñado de cortos estudiantiles. En aquel film, que contó con el apoyo y padrinazgo del veterano Aleksander Ford –famoso por sus films de gran presupuesto y aliento épico, como Los caballeros de la orden teutónica (1960)– y cuyo reparto incluye a un jovencísimo Polanski y a la futura estrella del cine polaco Zbigniew Cybulski, el todavía veinteañero Wajda le rendía tributo al sacrificio de sus pares generacionales. La primera escena luego de una magistral secuencia de títulos encapsula uno de los temas centrales de la obra: un grupo de muchachos ‘juega’ a robarle carbón a los alemanes subiéndose a trenes en movimiento, pero esa travesura patriótica termina con la muerte de uno de ellos. Esa película sentida y potente, aunque un tanto simplista en su retrato de una juventud polaca entregada sin remilgos a la lucha contra el enemigo –el término ‘película oficial’ podría describirla cabalmente– sería complementada e incluso puesta en discusión en La patrulla de la muerte y, fundamentalmente, en Cenizas y diamantes, los dos capítulos finales de la que sería reconocida como la Trilogía de la Guerra, remedando al tríptico equivalente del italiano Roberto Rossellini”. (Diego Brodersen, Página/12).
(87’; DCP).


Sábado 3

A las 15 horas
Los brujos inocentes
(Niewinni czarodzieje; Polonia, 1960)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Tadeusz Lomnicki, Zbigniew Cybulski, Roman Polanski.

Un joven doctor se harta de ser seguido por una mujer. Una noche conoce a una chica, a la que lleva a su habitación, donde hablan acerca de la moral y del amor. Pero a la mañana siguiente, la chica desaparece, así que el joven se dedica a buscarla, obsesionado, por toda la ciudad.

“Aunque escrita con la participación de Jerzy Skolimowski –entonces joven poeta perteneciente a la generación de la que Wajda se pregunta cuáles son las razones de vivir y que interpreta en la película el personaje del boxeador–, Los brujos inocentes es una película crítica, una película de observador en la medida en que Wajda, por una vez, se desolidariza de sus héroes que no tienen memoria, que sólo sueñan con lujo y confort, que trampean cuando juegan, que prefieren el cinismo al idealismo”. (Jean-Luc Douin, Conversaciones con Wajda).

“Era la primera vez que trabajaba para el cine y no tenía ninguna experiencia en la materia. La historia de Los brujos inocentes era mía. Creía que se trataba de un buen tema: el doctor que toca la batería y tiene una historia con una chica. Pasan la noche juntos, pero no hacen el amor; simplemente nos damos cuenta de que entre los dos ha ocurrido algo muy fuerte. Yo había escrito algunas palabras en un trozo de papel. Para mí, era suficiente, pero no para Wajda. Él necesitaba un guionista profesional, para unir los diferentes elementos. Mi método era pasar de A a D; después, de D a L; luego, de L a W, etc. Wajda pasaba de A a B, de B a C, de C a D, y así sucesivamente. El guionista Jerzy Andrzejewski construyó la historia poniendo en ella los elementos que yo había aportado. Mi trabajo en esta película ha sido justo el contrario que el de El cuchillo bajo el agua (1962, Roman Polanski). Allí Roman tenía una historia, la historia que usted conoce. Yo le di forma. Aprendí a dar forma a una historia trabajando en Los brujos inocentes de Wajda”. (Jerzy Skolimowski, Pequeño planeta cinematográfico).
(87’; DCP).


A las 21 horas
La patrulla de la muerte
(Kanal; Polonia, 1957).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Teresa Izewska, Tadeusz Janczar, Wienczyslaw Glinski.
Polonia, septiembre de 1944. Los valientes soldados de un pequeño ejército de la Resistencia se ven forzados a ocultarse en los laberínticos canales de Varsovia tratando de escapar de la ofensiva nazi.

“El film de Wajda transmite tan vívidamente la sensación de ese arrastrarse durante horas por el fango con el cuerpo hundido hasta la cintura que hasta parecería que las imágenes excitan nuestro sentido olfativo”. (Stanley Kauffmann, Un mundo en cine).

“Cuando realicé La patrulla de la muerte muchos pensaban que la película no podría ser mostrada en el extranjero. En esa época, ese problema no me parecía muy importante. Yo creía que lo importante era mostrar esa historia al público polaco. (...) La película fue, a pesar de todo, un gran éxito fuera del país. Yo creo que lo que impresionó a los extranjeros fue el carácter excepcional de los hechos que expuse. Excepcional es el hecho de que un ejército deba internarse en las cloacas para intentar salvarse". (Andrzej Wajda, Conversaciones con Wajda).

“Estéticamente, la película es deslumbrante. Comienza con un travelling notable de casi cinco minutos, situando a los personajes en un contexto geográfico, precisando el papel de cada uno en la sociedad. Está construido sobre una oposición visual muy fuerte: el principio de la película, situado en exteriores, irradia materialmente a los héroes con una luz cruda, casi deslumbrante, que hace estallar la rebelión en los rostros; la segunda parte, situada en el Estigia fantástico, se embellece en la bruma y la penumbra, la humedad y el ahogo". (Jean-Luc Douin, Conversaciones con Wajda).
(96'; DCP)


Domingo 4

A las 15 horas
Generación
(Pokolenie; Polonia, 1955)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Tadeusz Lomnicki, Zbignew Cybulski, Roman Polanski.
(87’; DCP).


A las 18 horas
La patrulla de la muerte (Kanal)
(Kanal; Polonia, 1957).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Teresa Izewska, Tadeusz Janczar, Wienczyslaw Glinski.
(96'; DCP).


Martes 6

A las 18 horas
Cenizas y diamantes
(Popiół i diament; Polonia, 1958)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Zbigniew Cybulski, Ewa Krzyzewska, Waclaw Zastrzezynski.
(105'; DCP).


Miércoles 7

A las 21 horas
La boda
(Wesele; Polonia, 1973).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Marek Walczewski, Izabella Olszewska, Daniel Olbrychski.
(106'; DCP).


Jueves 8

A las 18 horas
Las señoritas de Wilko
(Panny z Wilka; Polonia/Francia, 1979).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Daniel Olbrychski, Anna Seniuk, Christine Pascal.

En los años 20, Wiktor Ruben, un veterano de la Primera Guerra Mundial, regresa al pueblo de sus vacaciones infantiles. Allí, en casa de sus tíos. se reencontrará con una familia formada casi únicamente por mujeres: todas le amaron, pero él sólo amó a una, que falleció durante la guerra. Todas se sienten desilusionadas con sus vidas y con sus maridos, y la llegada de Wiktor las obligará a enfrentarse con su pasado.

“Si queremos hacer referencias a mi carrera, desde un punto de vista estilístico, Las señoritas de Wilko está muy lejos de mis dos últimas películas, y muy cerca de las que filmé hace diez o veinte años; sentimental, tierno, tranquilo, cinematográficamente susceptible de interpretaciones en su integridad y totalmente ‘literario’, acaso el más literario de mis films. Y ello, no sólo porque lo extraje de un relato de Jaroslav Iwaszkiewicz, el mismo autor que me inspiró El bosque de los abedules (1970); es que las claves con que observo y después represento a todos los personajes son esencialmente literarias. (...) Las señoritas de Wilko es un film sobre las posibilidades perdidas y, por lo tanto, un film sobre la inútil lucha por resucitar el pasado... Y, naturalmente, partiendo de bases reales, aun mías, pero todas recreadas, imaginadas”. (Andrzej Wajda, entrevistado por Gian Luigi Rondi. El cine de los grandes maestros).
(115'; DCP).


Viernes 9

A las 15 horas
Las señoritas de Wilko
(Panny z Wilka; Polonia/Francia, 1979).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Daniel Olbrychski, Anna Seniuk, Christine Pascal.
(115'; DCP).

A las 18 horas
Los brujos inocentes
(Niewinni czarodzieje; Polonia, 1960)
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Tadeusz Lomnicki, Zbigniew Cybulski, Roman Polanski.
(87’; DCP).


Sábado 10

A las 14:30 horas
El hombre de hierro
(Czlowiek z zelaza; Polonia, 1981).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Jerzy Radziwilowicz, Krystyna Janda, Boguslaw Linda.
Continuación de El hombre de mármol. Las jornadas revolucionarias en los astilleros navales de Gdansk (o Danzig) están protagonizadas por los obreros del sindicato Solidaridad, en el verano de 1980. Ese mismo año, un periodista radiofónico, más amigo del régimen comunista que de la verdad, debe cumplir una misión de difamación contra un destacado militante del sindicato Solidaridad, que resulta ser el hijo del héroe de El hombre de mármol.

“Wajda ha aplicado el lema de Brecht según el cual una obra de arte puede ser ‘progresista por su contenido y retrógrada por su forma’. Al igual que Brecht supo convertir la comedia musical, diversión burguesa por excelencia, en una obra revolucionaria, Wajda utiliza este principio dialéctico y hace de la película staliniana un arma popular desplegada contra el aparato de gobierno que la creó”. (Michel Celemenski, Cinématographe Nº 68)

“La obstinación de Wajda en utilizar un modo de narración del tipo Citizen Kane es eficaz. Evita el relato demasiado lineal, el caso previsto del pasado edificante con golpes efectistas y héroes positivos. Este abordaje caleidoscópico tiene además otra razón, que creo más profunda. El proyecto ‘ideológico’ de Wajda no consiste solamente en contar la historia de Polonia de los últimos treinta años a través de dos o tres destinos individuales, sino también en reconciliar la mayor cantidad de gente posible. Reconciliarlos consigo mismos, con los otros, con su pasado, con el cine. Este proyecto ‘patriótico’, visto desde aquí, es bastante difícil de imaginar (y de amar). En Polonia, al contrario, donde los medios oficiales mintieron siempre, le cabe al cine la misión de cocinar una nueva imagen de Polonia, una imagen en la que puedan figurar la mayor cantidad de polacos. Hay que mostrar un pueblo que lava muchos trapos sucios, pero que una vez lavados los expone gozoso. El cine lava más blanco. En esto, el cine de Wajda es al menos más demócrata que el de un Krzysztof Zanussi, únicamente ocupado en encontrar ‘justos’ para verlos sufrir”. (Serge Daney, Cine, arte del presente).
(152'; DCP).

A las 20 horas
El hombre de mármol
(Czlowiek z marmuru; Polonia, 1977).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Jerzy Radziwilowicz, Krystyna Janda, Tadeusz Lomnicki.

En 1976, una joven de Cracovia que está realizando su diplomatura en cine, investiga la vida de un obrero, llamado Birkut, quien en los años 50 fue, de manera fugaz, un héroe proletario. Su objetivo es investigar cómo se originó esa leyenda y que efectos provocó en él.

“Esta investigación sobre un ciudadano acosado por la política de la sospecha está conducida por la mano de un maestro en un estilo soberbio y de una extrema claridad. Adoptando un estilo realista, vigoroso, apasionado, Wajda no abandona su predilección por los alborotos de una cámara embriagada y emplea el lente gran angular como para que la verdad nos ilumine el rostro". (Jean-Luc Douin).

“Los años que van desde El hombre de mármol –que utiliza una estructura similar a la de El ciudadano, de Orson Welles, para encontrar la verdad detrás de la construcción social de un típico héroe proletario en los primeros años del comunismo polaco– hasta la ganadora de la Palma de Oro en Cannes, El hombre de hierro –con su ‘ansiedad moral’ a flor de piel y su registro ficcional de los acontecimientos que sacudían a su país– son los mismos que vieron el nacimiento del movimiento Solidaridad y el endurecimiento de las prácticas represivas del gobierno, que tendrían su culminación en la Ley marcial impuesta en diciembre de 1981. Wajda ya no era un fiel defensor del socialismo polaco sino su principal opositor cultural. Tanto que su exilio en la Europa del otro lado de la Cortina de hierro tendría su primer fruto creativo en la alegórica Danton (1983), con Gérard Depardieu en la piel del prócer guillotinado por su aparente tibieza política en la Francia revolucionaria”. (Diego Brodersen, Página/12).
(164'; DCP).


Domingo 11

A las 14 horas
Paisaje después de la batalla
(Krajobraz po bitwie; Polonia, 1970).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Daniel Olbrychski, Stanislawa Celinska, Aleksander Bardini.
La Segunda Guerra Mundial ha terminado, pero los supervivientes de un campo nazi descubren que, en esencia, nada ha cambiado: el totalitarismo nazi ha sido simplemente sustituido por otro totalitarismo de distinto signo.

“Los diez minutos iniciales de Paisaje después de la batalla son deslumbrantes y podrían pasar a la galería de Grandes Momentos del Cine por el milagro conjunto de dirección, fotografía y montaje. Describen el instante mismo en que un campo de concentración nazi, lleno de prisioneros polacos, queda liberado por la llegada del ejército norteamericano, en el primer semestre de 1945. No se ve a los libertadores ni batalla alguna, sino que sobre un paisaje nevado esos cuerpos castigados y tímidos resurgen a una vida postergada. Aquí cortan las alambradas, allá bailan frenéticamente entre sí, o corren por el solo placer de hacerlo, en un allegro explosivo que la banda musical comenta, maravillosamente, con un fragmento de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi". (Homero Alsina Thevenet, El cine: Gente, películas, hechos).

“Durante los años 60 y primeros 70, Wajda ayudó a darle forma a una de las cinematografías más pujantes y creativas de Europa del Este, siempre en tensión política y formal con las autoridades, conformada por un variado grupo de cineastas que, ante la posibilidad de la censura y la proscripción temporaria, podían en algunos casos optar por permanecer en el país o abandonarlo para continuar su carrera en el exterior (Polanski y Skolimowski tal vez sean los más famosos del segundo pelotón). Wajda continuaría filmando en su país natal a un ritmo vertiginoso, adaptando a Shakespeare vía Nikolai Leskov (Lady Macbeth de Siberia, 1962), elaborando una compleja historia sobre el cine dentro del cine, a su vez homenaje al recientemente fallecido Cybulski –‘el James Dean polaco’– en Todo está a la venta (1969) o regresando al final de la guerra, ahora con una mirada mucho más desencantada, en Paisaje después de la batalla”. (Diego Brodersen, Página/12).
(100'; DCP).

A las 17 horas
El hombre de mármol
(Czlowiek z marmuru; Polonia, 1977).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Jerzy Radziwilowicz, Krystyna Janda, Tadeusz Lomnicki.
(164'; DCP).


Martes 13

A las 18 horas
Paisaje después de la batalla
(Krajobraz po bitwie; Polonia, 1970).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Daniel Olbrychski, Stanislawa Celinska, Aleksander Bardini.
(100'; DCP).


Miércoles 14

A las 20 horas
El hombre de hierro
(Czlowiek z zelaza; Polonia, 1981).
Dirección: Andrzej Wajda.
Con Jerzy Radziwilowicz, Krystyna Janda, Boguslaw Linda.
(152'; DCP).

Valor de las localidades:
Entrada general $ 9.000
Estudiantes y jubilados $ 5.000

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