¿Tiempo de revancha?
por Diego Batlle | 09.03.2010
El triunfo de El secreto de sus ojos en la entrega de los premios Oscar no sólo generó una enorme euforia mediática y popular sino que reavivó una de las peores actitudes de los argentinos: el revanchismo, el resentimiento y el ajuste de cuentas. Hasta el propio Juan José Campanella no pudo resistir la tentación y tiró algún palito en medio de los festejos.
El 7 de agosto de 2009 -6 días antes del estreno comercial de El secreto de sus ojos- publico una crítica titulada De cómo casi me gustó una película de Campanella con calificación de 7 puntos y un texto de tono muy personal (se puede leer aquí). Escribo lo siguiente: "Durante 90-95 de los 127 minutos disfruté no sólo de lo mejor de su filmografía sino también de uno de los más ricos y apasionantes relatos del cine argentino reciente, una impecable mixtura entre la épica romántica, el thriller judicial (buena parte transcurre en el interior de un juzgado en 1974) y el drama de época con tintes políticos, reminiscencias del noir y espíritu novelesco." Luego, sí, cuestiono el desenlace del film.
Esa crítica genera una larguísima polémica que continúa hasta la fecha con cientos de comentarios. Hasta el propio Campanella me envía varios mails (intensos pero respetuosos) que a pedido suyo mantenemos en el terreno de lo privado. Sin embargo, a pesar de que hubo varias críticas mucho más virulentas, quedo estigmatizado como una suerte de anti-Campanellista de la primera hora. Algo absurdo porque he elogiado varios de sus trabajos (incluido éste) y lo he entrevistado con la mejor predisposición para varios medios.
Exactamente siete meses más tarde, Campanella gana el Oscar (algo que me alegró y que venía vaticinando en la cobertura de este sitio) y me llueven mails agresivos, insultantes (alguno incluso con la maradoniana frasea "a chuparla"). Publico algunos, otros prefiero eliminarlos para mantener el decoro y buen gusto.
El notable éxito comercial del film de Campanella sirvió para que algunos colegas (como Pablo Sirvén, que fue jefe mío en la sección Espectáculos y es hoy uno de los principales referentes de la redacción del diario La Nación para el que trabajo desde hace 12 años) ajustaran cuentas contra el cine "joven", "independiente", "críptico", "para los críticos", "que no cuenta nada" y un largo etcétera.
Ayer escribió un comment en el sitio la productora Carolina Konstantinovsky con un tono amable pero recriminatorio: "Me gusta leerte decir que ojalá que la película (o sus logros) traigan un efecto benéfico para el cine argentino. No sabés cuánto me hubiera gustado leer que apreciabas cómo había subido el techo del cine argentino en el momento de su estreno, el aporte ya estaba hecho mucho antes de que se consagrara con un Oscar", me dice.
Es una opinión bien redactada, respetuosa, con nombre y apellido, a cargo de una profesional de prestigio en la industria cinematográfica local, que dice cuidando las formas lo mismo que los incendiarios mails descalificatorios de los lectores. La cosa sería más o menos así: como Campanella ganó el Oscar, todo aquel que haya pensado que su film no era una obra maestra ahora debe pedir perdón público por su error.
Reitero lo que escribí en la respuesta (improvisada, desordenada, caótica, hecha de madrugada) a Carolina debajo de su comment, "En la Argentina, parece, no se acepta el disenso. A mi siempre me pareció valiosa la película de Campanella, siempre dije que era un buen punto de partida para la discusión y siempre insté a los lectores del sitio a que la vieran. No voy ahora, con esa cosa triunfalista tan argentina (somos campeones del mundo, ganamos el Oscar, siempre usando la primera persona del plural como si fuéramos un todo), a decir que soy un Campanellista de la primera hora, pero la verdad es que como profesional que vive del cine me alegro por él (porque siempre, en todas las películas suyas que comenté, lo consideré un amante del cine con talento y profesionalismo) y por lo bueno que pueda generar el premio en la industria en general. Pero, más allá de estas aclaraciones (que no son pedidos de disculpas porque no tengo nada de qué disculparme) quiero decir que si me hubiese indignado El secreto de sus ojos y le hubiese puesto una calificación de MALA (cosa que no fue así), hoy debería seguir siendo respetado incluso en el disenso y con el Oscar ya entregado a Juan José ¿Por qué alguien no puede pensar distinto? ¿Por qué hay que someterse al consenso (2.500.000 espectadores, premio Oscar)? Si alguien opina que El secreto... es mala, argumenta por qué, pone su nombre y apellido, ¿pasa por eso a ser el enemigo público Nº 1 del pueblo? Hay algo jodido en estos mecanismos del blanco o negro, nosotros o ellos, esa cosa del consenso, del "te equivocaste y pedí disculpas", del rencor, de la revancha. La verdad es que no me gusta nada. Prefiero la gente que discute con pasión y honestidad, que se banca el disenso, que puede entender que el arte tiene miles de lecturas posibles, que hay distintas sensibilidades, Ahí terminaba mi respuesta y pensé que debía dejar el intercambio en ese punto.
Pero hoy un colega y amigo me escribe: "¿Viste lo que dijo Campanella en Página/12?" Voy a la edición online del diario y leo: "Desde el punto de vista de la importancia del premio, fue siempre el mismo: es el más importante del mundo, es el premio que le cambia la vida a una película. Y la prueba la puede ver en cómo aun en los sitios y los críticos que más critican y más superiores a este premio se sienten, no paran de hablar de él. Incluso, hasta haciendo concursos para ver quién gana el Oscar, que dan DVD y todo eso, cuando jamás he visto un concurso en el que obsequiaran DVD al que acertaba quién ganaba el Festival de Cannes."
¿Puede ser que Campanella, pocas horas después de haber ganado el principal premio del cine, me cuestione porque hago en mi sitio un concurso que regala DVDs a quien acierte los ganadores del Oscar? Estimado Juan José (que es un asiduo y minucioso lector de OtrosCines.com como él mismo me ha confesado): Usted está para otra cosa, no para abonar el fértil campo del resentimiento, la chicana y el revanchismo.
Y le aclaro que no me siento superior a los Oscar (cómo podría serlo ante un evento de alcance mundial). Creo que muy pocos sitios han cubierto la temporada de premios como nosotros y lo hemos hecho con el mayor rigor y profesionalidad. Me considero un conocedor del tema (no es para agrandarme, pero suelo ganar los concursos de pronósticos hechos entre amigos y colegas) y para nada lo desprecio desde un lugar ideológico o prejuicioso.
Lamento que el bienvenido triunfo de Campanella dispare esa irritación, esa crispación, esa intolerancia tan argentinas. Yo celebro su victoria y sigo apostando por el debate amplio, apasionado, pero siempre civilizado. Ese que permite enriquecer la discusión y no arruinarla con insultos.
Como bien decís la crispación, el rencor, la cosa revanchista es algo muy argentino, empezando por nuestros actuales gobernantes y por la oposición que no se queda atrás en ese aspecto frente a los Kirchner.
Con respecto a la chicana de Campanella no me extraña, es un típico tano calentón. como todo artista está pendiente de lo que se dice de él y ponete contento que el ganador del Oscar está pendiente de lo que pensás o hacés, está claro que le interesa y respeta mucho tu opinión y le duele si le cuestionás algo.
Saludo a la distancia
Diego Batlle | 09.03.10 - 16:04:54 hs.
Gracias Ricardo, coincido sobre tu ampliación de ese tono agresivo al campo de los políticos. Yo también tomo lo de Campanella como una chicana menor y hasta simpática y, a propuesta del propio director, voy a realizar en mayo un concurso entre los lectores para que voten quién gana la Palma de Oro en Cannes (eso sí: regalaré DVDs de cine de arte europeo y asiático, no de Hollywood, ja ja). La verdad es que es una buena idea, gracias Juan José por el aporte (va sin ironía).
Carolina Konstantinovsky | 09.03.10 - 18:14:07 hs.
Creo que mi comentario pertenece a este debate y realmente lamento que se malentienda lo que quise decirte. No pienso que tenés que pedir disculpas, ni es mi intención insultarte y creo que no debería aclararte que siempre estuve más cerca del cine "joven" que de Pablo Sirvén.
Repito el mensaje que te mandé en el otro debate:
Hola Diego,
Aclaremos una cosa, yo nunca dije que tenías que pedir disculpas. Lo que quise decir y sostengo, es que tu crítica me dio bronca en su momento y te lo dije. Esa bronca tenía que ver con lo que la película y con lo que Juan estaban aportando a una industria empobrecida y triste. Yo considero que el aporte no tiene que ver con el Oscar, que en todo caso el Oscar lo hace más visible o lo pone en evidencia.
La calidad artística y técnica de El secreto de sus ojos nos dejó con lo ojos abiertos a muchos y, en lo personal, puso en crisis mi relación con el cine y con el tipo de proyectos con los que quiero involucrarme de aquí en adelante. Cine de calidad, potente y popular, no se ve muy seguido.
En ese contexto mi enojo fue con lo ombliguista de tu crítica, con lo microscópica, con tu necesidad de contar tu experiencia y con la excesiva información sobre la privada de prensa. (si mal no recuerdo yo misma cité una crítica parecida a la tuya para remarcar mi punto)
Me tomo el trabajo de aclarar mi mensaje anterior porque yo también te respeto y respeto este espacio, pero creo que el revanchismo a veces aparece generado por quienes dicen molestarse con él.
Un beso
Fernando Martín Peña | 10.03.10 - 00:06:19 hs.
El revanchismo es previsible en un país que sigue siendo esencialmente facho. Me preocupa más lo que dice Carolina sobre cómo EL SECRETO… le produjo replanteos profesionales. Lo peor que podría pasarle al cine argentino a partir del Oscar es que se llenara de malas fotocopias de la película de Campanella, el eterno retorno sobre un único modelo productivo y narrativo. Me dio mucha impresión esa síntesis: “un cine de calidad, potente y popular”. Así fue considerada en su momento EL SANTO DE LA ESPADA (un éxito masivo como pocos) mientras que EL DEPENDIENTE era considerada una excentricidad elitista (y fue un fracaso comercial). No hace falta recordar cuál de las dos es la que resultó importante (en tanto influyente) y cuál la que sólo subsiste como una pieza arqueológica.
Manuel Aboy | 10.03.10 - 09:49:23 hs.
Que una excelente película de profundo tema universal como "La cinta blanca" haya sido derrotada por un melodramón policial, inverosímil, grosero y pedestre como "El secreto de sus ojos" confirma una vez más que un premio Oscar nunca implica que la ganadora es una buena película.
Si un bodrio total como "Crash" se impuso a "Brokeback Mountain" solo por que la Academia no podía premiar a un film pro-gay................
Los cinéfilos argentinos siempre denostaron los premios Oscar. Pero ahora que le tocó a la Argentina, en lugar de confirmar que se trata de una
injusticia todos aclaman embobados las virtudes del folletín de Campanella. A los argentinos nos falta sentido de equidad, deberíamos estar
abochornados por lo sucedido, pero una vez más llenémonos de exitoína y pidámosle a Francella que grite su "a comeeeeeeeeeeeeeeeerla".
"Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.............." ¡¡ Qué razón tenías, narigón !!
maboy@fibertel.com.ar
DNI 4376680
Diego Batlle | 10.03.10 - 10:00:43 hs.
Fernando: de acuerdo con que este es un país esencialmente facho, reaccionario y revanchista. Por eso, además, es tan afecto a los desbordes patrioteros, chauvinistas.
Esta era "la fiesta de todos". Así, la transmisión del Oscar -que siempre tiene medio punto de rating por TNT- con la nominación (y luego premio) de Campanella tuvo 16 puntos en Canal 13 y debe haber tenido no menos de 10 en TNT.
Está todo bien con el triunfalismo (no es mi estilo: no iría jamás a tocar bocinazos al Obelisco por un triunfo deportivo), pero lo que yo advierto es ese rebrote de lo más nefasto del SER argentino.
Entiendo tu comparación frente a lo que dice Carolina, pero en este caso debo yo decir que El secreto de sus ojos es una pelicula cinematográficamente muy superior a El santo de la espada. Lo de los "clones" es inevitable, pero aún con las diferencias que yo pueda tener con Campanella y su mirada de la Argentina, hay muy pocos directores nacionales capaces de concretar productos industriales con el acabado y la potencia de Juan José. Por lo tanto, es más que probable que esos "clones" sean sencillamente malas copias y sin ningún éxito.
Si Carolina ahora ya no quiere producir cosas "pequeñas" está en todo su derecho. Para mí no hay cosas pequeñas y grandes (si películas con presupuestos altos y presupuestos bajos). Esperemos que en el cine argentino sigan conviviendo todo tipo de producciones porque para mi lo esencial es la diversidad y la amplitud.
Marcelo Ochotorena | 10.03.10 - 10:39:37 hs.
Diego; el debate es sobre la posición del crítico frente a las películas y frente a la vida -lo que es lo mismo- y, entiendo, modestamente, no tenes razón. Que "El Secreto..." no te haya parecido tan buena como a casi el resto del mundo -ahora se advierte- es respetable, pero puesta en un medio público, con prosa inteligente, suena soberbio, pedante. Y cuando se enmarca en un debate ideológico (los subsidios del INCAA, el cine independiente y el popular), peor.
El crítico, cuando escribe, es dios. Así lo sentimos quienes seguimos fervorosamente las críticas y los que son objeto de las mismas -Campanella-. ¿Como esperas que reaccione el tipo al que, los hechos, lo pusieron en la cima del mundo?. Cuando dios se equivoca, dudamos de su existencia.
En el año 1986, Clarín, con Juan de Biase y Horacio Pagani a la cabeza, denostaron el derrotero previo de la Selección Nacional de Futbol. Había elementos que justificaban ello: el camino había sido mas duro que el pensado. Pero atrás de esa postura, existía un elemento comercial (cuando de Clarín se habla, siempre lo hay) y otro ideológico, que no justificaban cualquier expresión. Lo cierto es que la Selección ganó ese Mundial jugando uno de los mejores fútbol de la historia; el día de la final, de Biase (lo recuerdo) señaló que no se arrepentía de lo escrito, que mantenía su posición, atribuyendo el resultado a los jugadores.
Bilardo fue moderado en la respuesta tras el triunfo ("perdonalos" rezaba el cartel), pero es el día de hoy -locura aparte- que sigue siendo parte de la quintaesencia de su vida.
Hasta en las conversaciones mas fútiles, las posiciones firmes son polémicas. Si las catalogas como juicio (la crítica lo es), el efecto se multiplica.
A aguantarse dignamente el chubasco; usualmente los críticos no están tan expuestos.
Esperemos que el efecto del derrotero de "El Secreto ..." sea virtuoso: tiene todo para que así suceda, inclusive en la polémica. Y que aquella que puede transformarse en la mas importante película de toda la historia de la cinematografía argentina, sea también una bisagra para el arte y la industria.