Sólo por dinero, de Julie Ann Robinson Marche preso
Diego Batlle Estrenada el
01 de Marzo de 2012
Sólo por dinero (Just for the Money, Estados Unidos/2011). Dirección: Julie Ann Robinson. Con Katherine Heigl, John Leguizamo, Jason O’Mara, Daniel Sunjata. Guión: Stacy Sherman, Karen Ray y Liz Brixius, basado en la novela de Janet Evanovich. Fotografía: Jim Whitaker. Música: Deborah Lurie. Edición: Lisa Zeno Churgin. Diseño de producción: Franco-Giacomo Carbone. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 91 minutos.
Sin grandes antecedentes en el cine, pero con una larga trayectoria en una
veintena de series de TV (incluidas algunas bastante elogiadas como 2
Broke Girls, Weeds y Grey’s Anatomy), la directora
Julie Ann Robinson nos “regala” una película que, en lo esencial, es muy
parecida a El caza recompensas, aquella muy mediocre comedia
romántica (enredos + guerra de los sexos), de Andy Tennant, con Gerard Butler y
Jennifer Aniston. No contenta con repetir el esquema, Julie Anne (aunque en este
caso habría que incluir también en el desatino a productores y guionistas)
consigue una verdadera “proeza”: que Sólo por dinero sea aún
peor que su predecesora.
Sin trabajo y sin marido, Stephanie Plum (una
Katherine Heigl luchando de manera denodada, encomiable, pero sin posibilidades
de triunfo, contra las contundentes limitaciones del material) va perdiendo en
los primeros de película desde su auto hasta su autoestima (y la estima de los
demás). Urgida de generar ingresos, nuestra (anti)heroína decide trabajar como
caza recompensas (cobrar por buscar y atrapar a prófugos de la justicia) para su
patético primo.
Luego de algún trabajo menor, deberá capturar a un
peligroso fugitivo que, para más dato, fue su primer y conflictivo amor (él
terminó abusando de ella cuando era una inocente jovencita). Por lo tanto, todo
queda servido para la venganza, aunque también para los reencuentros y las
traiciones cruzadas.
El guión es penoso (hay también una ridícula
subtrama ligada al narcotráfico), pero aquí no sólo eso falla sino también la
química romántica entre Katherine Heigl y Jason O’Mara, el (supuesto) humor de
las situaciones, el interés por la resolución de la intriga, el ritmo narrativo,
la construcción de los diálogos… y un largo etcétera. Todo lo que podía salir
mal, salió pésimo. Un film increíblemente fallido dentro de una industria como
la de Hollywood que, incluso en sus productos más básicos, siempre suele hacer
gala de un mínimo de ingenio, rigor y seducción.